Los costos de la vivienda se disparan en la zona metropolitana de Guadalajara. El año pasado aumentó el 8%, una de las ciudades del país donde más se incrementa. Pero no sólo se encarece, su calidad empeora. Torres de departamentos que parecen búnkeres o cárceles, casas en series interminables, minúsculos habitáculos en lugares recónditos e inseguros. Resultado, el abandono de muchos y el desuso de otros. A pesar de la sobreoferta, en algunos segmentos habitacionales, en muchos puntos de la ciudad.
Las razones, escasez de terrenos disponibles para edificarla, alto costo de los materiales de construcción, políticas de vivienda que incentivan más a desarrolladores y constructores que a las personas que necesitan una casa, la especulación financiera que la convierte en un producto mercantil para el enriquecimiento de algunos, o la dispersión urbana que incrementa costos y dificultades para todos, entre otros.
¿Qué alternativas tenemos para producir una vivienda de calidad, asequible, bien construida y comunicada, atractiva y dotada de todos los servicios? En un entorno sano, con escuelas y fuentes de trabajo cercanos, parques, zonas culturales y de esparcimiento aledañas, y acceso a un transporte colectivo eficiente.
Para lograrlo, se necesitan estrategias integrales que conjunten los esfuerzos, recursos y liderazgos de gobiernos, empresarios y ciudadanos. La vivienda de tantos no puede ser dejada al mero arbitrio del capital, a criterio único de las autoridades municipales, o a las competencias, con frecuencia limitadas, de las empresas desarrolladoras.
Puede ser útil designar zonas propicias para el desarrollo habitacional e incentivarlas. También dar oportunidad a más profesionistas de producirla en pequeña escala, en sana competencia con las grandes empresas. Y, que los compradores sean más críticos e informados, y descubran que, sin ellos, cualquier desarrollo u oferta inmobiliaria es infructuosa, de manera que elijan la vivienda más adecuada en todos aspectos.
El mejoramiento de la vivienda implica que todos ganemos. Los empresarios harán buen negocio, los gobernantes obras significativas, y las personas obtendrán un verdadero patrimonio familiar en hábitats adecuados que les permitan una vida plena y sana. Que los proyectos de vivienda contribuyan a construir una mejor ciudad. Es una tarea difícil pero no imposible, aunque se necesite romper muchas inercias, es cuestión de sumar voluntades, ver más allá de coyunturas pasajeras, y actuar todos en una misma dirección.
José Javier Gómez