En diversas redes sociales y medios de comunicación sigue con todo el debate acerca de las condiciones que nuestro país pactó con la FIFA para realizar por tercera vez una justa mundialista. De alguna manera ya hicimos referencia previa al mundial de 1970 en la colaboración anterior.
El de 1986 significó para México la necesidad de demostrar al mundo que el país seguía en pie después del terrible sismo de 1985 y todas las críticas a la respuesta “tardía” del gobierno federal encabezado por Miguel de la Madrid ante este fenómeno natural, misma inconformidad que se presentó tanto en el evento de inauguración como en el de clausura con el famoso abucheo en contra del titular del ejecutivo por miles de hombres y mujeres que manifestaron su rechazo a las políticas del régimen que inició el neoliberalismo [del cuál el anecdotario dice que se aprovechó Carlos Salinas para dejar en los oídos del presidente una tunda hacia su contrincante en la sucesión presidencial Jesús Silva Herzog].
Ahora en 2026, la presidente Claudia Sheinbaum decidió no ir a la inauguración –en una oportunidad desperdiciada, según yo– en protesta por los altos precios de los boletos de entrada a los estadios. Igualmente, se le ha criticado que en razón de que esos mismos altísimos precios, que solamente permiten asistir a clases medias altas y altas, el abucheo a la jefa de Estado era casi seguro, y mejor lo evitó con su ausencia.
Lo cierto es que en las redes son abundantes las opiniones. Así en X (antes Twitter) José Mario MX opina acertadamente lo siguiente: “México será tres veces mundialista. Suena a orgullo, a estadio lleno, a himno, a ciudad tomada por banderas. Pero detrás de esa postal hay una pregunta mucho más incómoda: ¿Qué pasa cuando una organización privada, más poderosa que muchos Estados, aterriza en un país y empieza a ordenar calles, marcas, estadios, seguridad, impuestos y narrativa pública?
“El Mundial no es solo fútbol. Es un contrato gigantesco entre soberanía y espectáculo. Ahí se juega algo más delicado que un marcador: si México será anfitrión con Estado de Derecho o simple operador logístico de la FIFA. Porque una cosa es proteger un evento global; otra muy distinta es aceptar privilegios fiscales, zonas blindadas, restricciones comerciales, decisiones opacas y beneficios concentrados mientras la ciudad pone el cuerpo, el dinero y el espacio público.”
Y vaya que esto es una realidad. Aquí en el centro de Guadalajara (Plaza Tapatía) “al estilo Jalisco” amurallan la zona, impidiendo que los comercios realicen la venta de sus productos y servicios, incluyendo aquellos que van destinados al turismo que viene a la justa deportiva. Todo “al estilo Jalisco”, pero con la FIFA ordenando sin pudor.
Y vaya que los precios están caros, según lo da a entender el anuncio de Papas Sabritas (MR Pepsico) que circula también en redes y que la actriz Belinda arranca en su inicio: “¿Vender mi carro? Pues claro, todo sea por disfrutar Papas Sabritas (MR) en el estadio alentando a la Selección Nacional.” Y digo yo: si no lo vende, por lo menos lo puede empeñar. ¡Faltaba más!
Igualmente, una nota del organismo Mexicanos contra la corrupción y la impunidad da cuenta de que “la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Turismo entregaron el Campo Marte gratis a una empresa privada para explotarlo comercialmente durante todo el Mundial de fútbol. Los ingresos estimados superan los 500 millones de pesos. La empresa no pagará ni un peso por el uso del patrimonio nacional ni de la seguridad en el mismo”. Esto en el Fan Fest organizado por la empresa “The Mates Contests” al parecer asociada con “Ticketmaster” para organizar dicho evento que NO será de acceso libre al público.
El periodista Julio Astillero señala lo siguiente, también en X: “…Un Mundial ajeno, excluyente y saqueador como composición escénica en la cual convergen, demandantes, hartas, varias expresiones sociales: madres buscadoras, profesores con pensiones muy disminuidas… La pelea por el poder en el fondo. Una 4T que cierra filas con sus personajes más nefastos y prefiere estigmatizar a la izquierda social antes que aceptar rezagos e incumplimientos. Una oposición desvalida, abandonada electoralmente y falta de personajes valiosos, aferrada a su presunto salvavidas, el intervencionismo trumpista…” Concuerdo con su opinión.
Todo lo anterior dibuja con desconcierto el panorama de la escena social, económica y política [en lo deportivo ya veremos ante dónde llega nuestro representativo] en estos cuarenta días que habremos de tener el Mundial de Fútbol “organizado” por la otra empresa: FIFA.
Y ¿en Estados Unidos y Canadá? El panorama es de tibieza y poca algarabía, frente a un deporte que no es referente ni pinta en la vida deportiva, social, económica y política de estas dos naciones. Sus prioridades deportivas, amateur y profesionales, son otras.
Y la pregunta: ¿usted es el suertudo que ya vendió, o por lo menos empeñó su carro, para poder entrar a un partido de fútbol de “talla internacional” en cualesquiera de las tres ciudades mundialistas mexicanas? Quién sabe cuándo tengamos el cuarto evento en casa.
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