He titulado esta columna con un epígrafe del libro del gran pensador y politólogo italiano Norberto Bobbio que tituló “El problema de la guerra y las vías de la paz” publicado por Gedisa, Barcelona, en 2008, escrito mucho antes, en 1979.
Está ya por iniciar la primavera en el hemisferio norte y nos enteramos de la guerra entre los Estados Unidos e Israel contra Irán. Dos potencias militares (una, los E.U., la mayor del mundo, y la otra Israel, la mayor del medio oriente) quienes iniciaron operaciones contra un rival que con preparación, ingenio y astucia les ha dado batalla en una guerra asimétrica durante las dos semanas que lleva la conflagración armada.
Y aquí retomo algunas ideas de este autor empezando por la del laberinto que he utilizado en varias de estas columnas para hacer referencia metafórica a los caminos del ser humano y las sociedades –naciones- en su paso por la vida. Dice Bobbio respecto de un símil de la guerra, sobre todo nuclear: “quien entra en un laberinto sabe que existe una vía de salida, pero no sabe cuál de los muchos caminos que se abren ante él, a medida que camina, conduce a ella. Avanza a tientas. Cuando encuentra bloqueado un camino vuelve atrás y sigue otro. A veces el que parece más fácil no es el más acertado; otras veces, cuando cree estar próximo a su meta se halla en realidad más alejado, y basta un paso en falso para volver al punto de partida. Se requiere mucha paciencia, no dejarse confundir nunca por las apariencias, dar (como suele decirse) un paso cada vez, y en las encrucijadas, cuando no nos es posible calcular la razón de la elección y nos vemos obligados a correr el riesgo, estar siempre listos para retroceder.”
Y continúa: “La característica de la situación del laberinto es que ninguna boca de salida está asegurada del todo, y cuando el recorrido es justo, es decir conduce a una salida, no se trata nunca de la salida final. La única cosa que el hombre del laberinto ha aprendido de la experiencia (en el supuesto de que haya llegado a la madurez mental –sic, cualquier alusión que se pueda identificar personal, creo que no lo es- de aprender la lección de la experiencia) es que hay calles sin salida: la única lección del laberinto es la de la calle bloqueada.”
Y aquí la situación actual hace eco de las palabras escritas por Bobbio: Putin atrapado en su guerra contra Ucrania porque así lo decidieron Estados Unidos y Europa. Intentar adscribir Ucrania a la OTAN fue lo que detonó esta invasión. Lo demás es parte del laberinto: entrampados los unos y los otros en la red de intereses de la cual ninguno (Rusia, Estados Unidos, Europa y la propia Ucrania, como actor existencial principalísimo) quiere salir.
En el caso del ataque a Irán observamos similares consideraciones: la enemistad entre los judíos y los musulmanes (persas chiítas para ser precisos en Irán) lleva siglos de estar enraizada y tejiéndose. Pero para ambos –Israel e Irán- es existencial la ofensiva, la defensa y la guerra, trascendiendo al sentido de su propia naturaleza viviente, buscando eliminar al otro a toda costa para perdurar como sociedad, nación y estado en este planeta Tierra. ¡De no creerse!
Y ahí está el detalle, diría Cantinflas en México. Avanzan los judíos y los persas del siglo XXI en un laberinto donde encuentran siempre un camino bloqueado, una vía sin salida. Y Estados Unidos, gran policía del mundo, está presto a ayudar a su socio Israel. Su “portaviones” terrestre en esa turbulenta región. El resultado: un trabuco del cual aún es impredecible el final. ¿Pero cómo? preguntarían algunos. Si los Estados Unidos son la primera potencia militar del mundo. El problema es que el pequeño le salió respondón. Y lo poco que sabemos y estamos viendo no ha sido Venezuela –enero de 2026- como un día de campo.
Y sigo citando a Bobbio, cuando habla de las metáforas de la mosca en la botella, del pez en la red y concluye con la del hombre en el laberinto: “Estas metáforas se aplican con la misma eficacia al problema de la vida individual, del destino del hombre como individuo aislado, que al problema del sentido o del destino de la humanidad. Corresponden a tres modos de concebir el destino de la historia… si la “solución final” es inevitable, nosotros no somos como las moscas guiadas con sabiduría por el filósofo hacia la salida de la botella, sino como los peces que se debaten inútilmente en la red. ¿Y si, en cambio, fuéramos seres racionales que van errantes por un laberinto, que se han dado cuenta de que la guerra, cuando ha tomado las dimensiones de la guerra atómica, es pura y simplemente un camino bloqueado?
Y este es precisamente el dilema y grave problema. El argumento de los atacantes para hacerlo fue no permitir (al costo que sea) que Irán desarrolle un arma nuclear. Pero en las actuales circunstancias cualquiera de los contendientes puede optar por la “solución final”: apretar el botón de una guerra termonuclear, desesperados por no encontrar la salida de su laberinto. ¿La humanidad está tan subdesarrollada como para no entender las consecuencias?