Gianni Infantino y el más allá

Jalisco /
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Esperando que mis amables lectoras (es) hayan pasado unas agradables vacaciones de verano, da igual si incluyeron viajes o no. Lo importante es descansar y cambiar la rutina. La última columna que publiqué no contenía aún la información del ganador de la copa del mundo 2026 de la FIFA. Ahora este 09 de agosto ya es historia lo que el 19 de julio aconteció para que España se alzara con la codiciada copa.

No soy comentarista de deportes, ni fan seguidor de equipos de futbol. No práctico este deporte actualmente. Pero sí, tengo predilección por dos equipos universitarios que han sido mi alma mater: los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara y los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ni modo. Me gana lo universitario, aunque a veces jueguen mal y no obtengan los resultados esperados: triunfos convincentes.

En las colaboraciones pasadas escribí al calor de los partidos del torneo mundialista 2026, la sede en mi ciudad de Guadalajara, y México como país anfitrión de trece partidos. Pero lo hice con énfasis en los fenómenos sociales (sociológico si se quiere), político y jurídico de lo que había acontecido (Argentina 78) y lo que estaba aconteciendo en este 2026.

Comenté con algún estimado y experimentado lector lo del retiro de la tarjeta roja al jugador de Estados Unidos, Folarin Balogun, tras una llamada de Donald Trump a Gianni Infantino dirigente de la FIFA. Y recuerdo lo que en esos días me comentó: “se la van a cobrar a Infantino” “no se va a ir en blanco”. Entendí que los mismos integrantes de su organización iban a tomar cartas una vez concluido el torneo.

Y sí. No tardó mucho. Pero desde otra perspectiva. La filtración desde la FIFA de la idea de comercializar el mundial mediante un 20% de los derechos de una asociación o “joint venture” que se llamaría FFE (FIFA Forward Enterprises) al hermano del yerno de Donald Trump (Jared Kuschner, casado con su hija Ivanka - entienda usted que todo queda en familia) y que las “atenciones” que Infantino ha tenido con Trump –incluido el premio FIFA de la Paz, sacado de la manga por el primero- iban a culminar con una pretendida relación comercial con la familia política del segundo.

El mundial 2026 había concluido exitosamente a juicio de la FIFA [aunque los de a pie vimos más cosas] y era el momento para deslizar la idea. Hasta ahí todo iba viento en popa. Infantino codeándose con los poderosos y billonarios de la superpotencia. Viajando en el avión que le prestó la división ejecutiva de Qatar Airways como parte de los acuerdos de patrocinio del torneo. Una auténtica suite de lujo voladora. Así alcanzó a estar presente en casi la mitad de los partidos de la copa 2026. Pero esto también le ha generado fuertes críticas de parte de organizaciones sociales y medios de comunicación y redes, debido a la alta emisión de contaminantes y huella de carbono generada en pocos días.

Sin embargo, el volcán explotó. La sola filtración de comercializar el mundial le ha llevado a la cuerda floja de su reelección. La UEFA ha sido la más crítica y reticente a algo que se desinfló en menos de una semana. Ya tiene oposición al frente, a la que se han sumado las federaciones del continente asiático y de la CONCACAF. Las críticas son mayúsculas y observar el fenómeno no deja de ser interesante si uno piensa que la FIFA es monolítica.

La Unión Europa de Futbol Asociado llegó al extremo de anunciar su autoexclusión de competencias organizadas por el ente deportivo incluidas las mundialistas. Por pérdida de confianza, dijeron. Otros actores individuales de gran peso también han expresado su repudio a la idea, lo que ha hecho recular al jerarca futbolístico. El horno no está para bollos. La nula mención del tema en una reunión de dirigentes de la organización en Marruecos está misma semana, desató más reprobación. Infantino es un dirigente solo ya. Bueno, está por verse si con el apoyo del presidente Donald Trump.

Veremos si le alcanza para reelegirse en marzo del año próximo. Mientras tanto pensar que se puede llegar “al infinito y más allá” como nos dice Pixar-Disney con el personaje de Buzz Lightyear en Toy Story fue solo una ilusión para este personaje que percibe seis millones de dólares al año de la FIFA ejerciendo el cargo. Pensar en merecer más por el tinglado comercial que armó, le llevó al exabrupto por el cuál hoy está en caída libre. ¿Y a usted qué le parece?


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