Aldous Huxley escribió en 1932 su novela cuyo título se tradujo al español como “Un mundo feliz” cuando en realidad lo escribió en inglés como “A brave new world”, y que significa “Un nuevo mundo valiente”. En ella Huxley imaginó las condiciones de [como también lo hizo George Orwell en “1984” que escribió en el año 1949 sobre un mundo basado en el control absoluto del Estado y la manipulación de la verdad] una sociedad futura aparentemente utópica donde la guerra, la pobreza y el sufrimiento han sido erradicados, pero a costa de eliminar la libertad humana, la individualidad, el arte y la diversidad cultural.
El “mundo feliz” de la ficción está construido sobre cuatro aspectos fundamentales:
-Reproducción artificial (El sistema de castas): Los seres humanos ya no nacen de forma natural. Son creados en laboratorios mediante ingeniería genética y el método Bokanovsky, que permite clonar un solo óvulo en docenas de embriones. Se les divide desde el nacimiento en cinco castas biológicas predeterminadas, de mayor a menor inteligencia y capacidad física: Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilons.
-Condicionamiento hipnopédico: Desde la infancia, los ciudadanos son sometidos a educación mientras duermen (hipnopedia) para que amen su casta y acepten sin cuestionar las reglas del Estado.
-El uso del Soma: Para evitar cualquier tipo de insatisfacción, ansiedad o tristeza, el gobierno distribuye gratuitamente el soma, una droga perfecta que produce felicidad inmediata y desconexión de la realidad sin dejar resaca.
-El consumismo y la promiscuidad: La sociedad se basa en el lema "Comunidad, Identidad, Estabilidad". Se fomenta el consumo constante de bienes y las relaciones sexuales casuales y libres ("todos pertenecen a todos"). el amor romántico, la familia y la monogamia están estrictamente prohibidos y se consideran tabúes primitivos.
Y todo esto lo traigo a referencia en esta colaboración dado que parece increíble, pero es cierto, que el tema de las pantallas de los celulares se ha insertado en el inconsciente colectivo de una manera que hace coincidir muchas voces y opiniones sobre este punto: la SEP ya anunció que emitirá disposiciones para prohibir el uso del teléfono celular en las aulas.
Y el día de ayer me encontré la magnífica colaboración en la sección de opinión de este diario Milenio del destacado escritor Xavier Velasco que aborda a su manera, cuando nos explica sobre la “nomofobia” –término que yo desconocía- y que consiste según algunos sitios de internet en “el miedo irracional y desproporcionado a estar sin el teléfono móvil, quedarse sin batería, sin saldo, sin datos móviles o fuera de cobertura” lo que al final explica con dicha palabra la dependencia total de una persona del equipo de comunicación móvil.
La palabra proviene del acrónimo en inglés “no-mobile-phone phobia”. Y se le considera una “tecnopatía” o una enfermedad de la era digital. Describe la angustia y dependencia emocional hacia los dispositivos electrónicos inteligentes o “smartphones”. El origen del término se señala acuñado alrededor de 2008-2009 en el Reino Unido durante un estudio de la oficina postal británica (Royal Mail) para medir la ansiedad que sentían los usuarios ante la desconexión digital.
Y Velasco redondea con el título “Síntomas de nomofobia” lo abordado anteriormente, y les comparto algunos párrafos de la misma, cuándo dice de sí mismo sentirse “nomófobo”:
“Sabes que eres adicto al aparato cuando pasas la noche durmiendo al lado suyo. O cuando te despiertas a mediamadrugada y encuentras un motivo para darle pronto uso. O cuando abres los ojos y lo primero que haces es consultarlo.” …
“Nomofobia es aquel –probablemente tú, seguramente yo- que experimenta un raro estado de ansiedad en ausencia de su teléfono inteligente. Un problema común en los consumidores de estupefacientes, cuya satisfacción no estriba ya en el gozo como en el alivio, dado que la substancia les secuestró el sosiego y la autoestima y de pronto su falta o escasez les reduce al estatus de piltrafa: lo que una vez fue viaje difícilmente pasa de aterrizaje.” …
“Lo fácil es echarle la culpa al fabricante, hoy pocos aceptan hacerse responsables de sus propios excesos. Salta uno de tecnófilo a tecnópata con la inocencia del niño goloso que se empacha comiendo caramelos. No es de extrañar, por tanto, que la nomofobia tenga a varios menores edad entre sus propios afectados. ¿Nunca te has preguntado, por ejemplo, que diablos habría sido de tu tierna infancia con un costal de mota a tu disposición?”
Y con todo ello vuelvo al mundo feliz de Huxley: al extraño condicionamiento hipnopédico del aparato digital –“smartphone”- sometidos a él mientras estamos en vigilia, pero también cuando dormimos con el su lado, y aceptamos sin chistar al despertar las reglas que se van conformando de una nueva sociedad y un nuevo estado tecnológicos.
Y donde para evitar cualquier tipo de insatisfacción, ansiedad o tristeza, nos distribuyen en una sociedad consumista y con costo $ (¡que pagamos felices!) el “nuevo soma del teléfono móvil”, una droga perfecta que produce felicidad inmediata y desconexión de la realidad sin dejar resaca. Y muy por el contrario nos genera ansiedad, miedo o “nomofobia” no tenerlo siempre en la palma de la mano. Ni hablar. Lo escrito en la ficción algún día se puede volver realidad, y si no lean a Aldous Huxley.