Nueva, (novísima) refutación del tiempo.

Jalisco /

El título y está columna están dedicados al gran Jorge Luis Borges (con la debida humildad).

Habiendo cosas bellas y sublimes en el planeta Tierra, hay veces en que la realidad es cruel, el mundo igual, y el tiempo inexorablemente sigue su marcha.

Seguir hablando del presidente de Estados Unidos -la potencia más grande de Occidente- Donald Trump y sus desfiguros diarios y con ello semanales (a conjunto con la periodicidad de esta columna), puede ser repetitivo. Ya todo mundo los conoció enterándose por las noticias y las redes sociales, mañana, tarde y noche. Un día sí y el otro también. La salida de la OMS (dejando una deuda mayúscula con el organismo), lo descompuesto de su viaje a Davos; la Junta de Paz de notables que formó para hacer rentable la reconstrucción de Gaza; los amagos a Canadá, el pacto con Europa y la OTAN para ya no cobrarle aranceles por la embestida para anexarse Groenlandia, -ya no la ocupará, solo la comprará, dijo- etcétera, etcétera. Todo esto son noticias nuevas y frescas de las frases de este hombre que prometió hacer grande a su país, pero parece que en detrimento del resto del mundo.

Desató la ira de los británicos cuando dijo (mediante mensaje en su red social propia) que habían hecho poco en Afganistán a lo largo de los veinte años de ocupación de la coalición encabezada por E.U. Estos le contestaron que la muerte de más de cuatrocientos soldados no era poco.

El punto es que al hombre le encantan los reflectores, estar siempre en los medios y las noticias. Y… el poder, y con ello la sumisión de los otros [cualquier cosa que ello signifique, y si incluye el planeta entero, mejor para él]. Por eso el poder es lo que es. Para que los otros se sometan y obedezcan su voluntad.

Pero existe un pequeño problema: solo lo eligieron los ciudadanos de Estados Unidos –y por método indirecto-; y el resto de los habitantes del planeta: a “tragar sapos”. No lo elegimos, pero si debemos aguantar, sobrellevar o tolerar sus decisiones, actos y políticas que impactan directamente en nuestras vidas.

Los venezolanos ya lo vieron. Los europeos, ya lo están viviendo en carne propia.

Los canadienses y mexicanos para allá vamos. Y Cuba y Colombia parece que también.

Tener grandes y adiestrados ejércitos, y armamento de última tecnología, no le da derecho a tales acciones ofensivas, que incluso ya afectan a los aliados de toda la vida de este país: la Unión Europea (con su eterno gran aliado Gran Bretaña ninguneado) y América Latina.

Pero todo esto ¿lo entenderán los electores gringos? [por los que ya se empieza a preocupar, porque votos son votos] dado que las encuestas cada vez le son más adversas y si no se apura parece que perderá la mayoría en el Congreso.

Y aquí resurge con fuerza el título del ensayo de Borges titulado “Nueva refutación del tiempo” en donde su parte más citada y mencionada (que a todos fascina) dice así:

“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real;yo, desgraciadamente, soy Borges.”

Y con esta cita queda claro que todos somos el tiempo, el río, el tigre, el fuego. En un mundo real de cosas buenas y malas –expresión con sentido ético. Pero no nos hemos dado cuenta que somos eso: tiempo, río, tigre, fuego. Solo Donald Trump se ha dado cuenta de que es Donald Trump, con un poder es inmenso.

Pero no se ha enterado que los demás somos parte del mundo, que vamos por el mismo camino; y que “desgraciadamente” también somos reales, estamos hechos del “mismo tiempo”, y… tenemos que sobrellevar sus decisiones de gobierno.


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