Cuando en la semana escuché por primera vez esta palabra, no entendía de que me estaban hablando. La escuché de un joven (mi hijo) y la volví a escuchar de otros jóvenes -mis alumnos en la universidad-, ya con preguntas y razonamientos jurídicos concretos.
Y el rompecabezas término por acomodarse. “Therian” no es una palabra nueva. Tiene raíces etimológicas de los griegos. El término “teriantropía” proviene del griego theríon (“bestia” o “animal salvaje”) y anthropos (“ser humano”). Lo que en el momento actual significa videos y/o comentarios en redes sociales, y noticias en los medios de comunicación enfocadas en que las “personas se identifican, “a un nivel psicológico o espiritual” con un animal. En principio no creen ser físicamente el animal, sino que sienten que su esencia interna, su “yo”, está ligada (o) a una especie animal específica, a la que denominan su “teriotipo” o theriotype”. Pero faltaba más: después lo representan.
Las mitologías (sobre todo la egipcia y griega, pero sin excluir la romana, hindú, mesopotámica, nórdica, japonesa, o nativa americana) siempre han tenido como parte de su imaginario la representación de seres humanos como animales (parte de hombre o mujer con otra porción animal). En los egipcios Horus dios del cielo, representado frecuentemente con cabeza de halcón. Entre los griegos el Centauro, mitad hombre, mitad caballo; o las Sirenas originalmente descritas como mitad mujer mitad ave (cambiadas después a peces). Los Faunos entre los romanos, parte humana, parte cabra; -a veces ciervos- con cuernos y pelaje, asociados a la naturaleza. Y los hindús con Ganesha, dios con cabeza de elefante y cuerpo humano. Son ejemplos, entre muchos otros, de representaciones humano-animales de las culturas antiguas.
Después surgieron en la literatura las referencias al hombre-lobo, el vampiro (con características del murciélago), y el Yeti, u hombre simio de las nieves. Llevadas luego al cine en muchas películas.
Pero el nuevo distractor socio-cultural que estamos viendo con los “therians”, al usar hombres o mujeres máscaras, colas de perros o de otros animales, y comportarse como tales, no tiene desperdicio. Lo que puede dar mucho de qué hablar y ver en los próximos años (si se mantiene amplificado por las redes sociales). ¿Hasta dónde podemos ser regresivos los humanos?
Tantísimos miles de años de evolución (según la teoría darwiniana y otras investigaciones arqueológicas y antropológicas) para lograr superar a los animales en muchos aspectos, y al final en este siglo XXI algunos humanos pretendiendo regresar de un plumazo a ladrar, estar en cuatro patas –“quadrobics” le dicen al caminar, trotar y moverse apoyando tanto las manos como los pies en el suelo- y, a veces, morder a quien se les pone enfrente.
Díganme si esto no es regresión en el tiempo, que a su vez vuelve a llevarnos a lo que en columnas pasadas reflexioné sobre la subjetividad del tiempo. Regresar miles de años porque algunos se creen o identifican con animales e intentan replicar su comportamiento y acciones. Las explicaciones y consecuencias en la psicología, psiquiatría, medicina, el derecho y la sociología no se han hecho esperar, y cada una empieza a responder las preguntas dentro de su ámbito.
Pero también dejaríamos de ser humanos si no vemos el lado cómico-grotesco de la situación; y los memes, publicaciones y videos que brindan otro ángulo de análisis a esta nueva “cultura”, no se han hecho esperar:
-El mensaje en X del hombre ciego que dice buscar un therian perro para que en adelante le sirva de lazarillo (perro guía).
-Los jóvenes que no fueron admitidos en un camión del trasporte urbano en Monterrey al intentar subir en cuatro patas y ladrando, por considerar el chofer que era inseguro para él y su pasaje.
-El comic fotográfico de JABAZ en estas páginas de Milenio, que publica una sala de redacción y reporteros con máscaras de gato escribiendo en computadoras, atrás una pantalla de televisión de la presidenta en la mañanera, y el título de “Periodistas que se sienten gatos”.
-El video cómico (que empieza muy en serio) del médico veterinario que atendió un therian perro que le describió malestares de memoria; y al indagar más en su edad humana de 38 años (luego transportada a más de 100 años perrunos), decidió “dormirlo” (eutanasia animal) para evitarle más sufrimiento.
-O la queja de una madre argentina que señala que su joven hija fue mordida en un tobillo por un therian perro, cuando jóvenes disfrazados y actuando como tal se le acercaron.
Y al final, falta mucha tela que cortar, viendo y entendiendo este nuevo fenómeno social que empieza a tomar fuerza. ¡Ggrrrrrrrr! ¡Aauuuuuuuuu!
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