Hay veces que uno tiene pensado tratar un tema, pero surge otro. Las noticias, las redes y las circunstancias hacen propicia la ocasión para tratar algo más nuevo dado que lo de hace cuatro días quedó eclipsado por lo de hace tres, o de plano lo de antier. Y es lo que pasó esta semana.
El niño risueño y le hacen cosquillas, dice el refrán popular. Y así parece ser la “ingenua” actuación del ministro presidente de la “nueva y reformada” Suprema Corte de Justicia de la Nación, claro, dando “parque y municiones” para que los adversarios hagan el tiro al blanco, o “peguenle al negro” (vaya combinación de colores, jeje) en un día de campo.
Después del escándalo de las lujosas e innecesarias camionetas blindadas de las cuales tuvieron que prescindir las y los abnegados ministros, que ya se hacían en Grand Cherokee nuevas y tuvieron que regresar a sus antiguas (de tres años) Suburban –también blindadas- por la crítica y oposición a dicha compra que enfrentaron de la opinión pública, hoy de nueva cuenta el abogado, juez supremo, Hugo Aguilar Ortiz, da la nota.
Existe otro refrán que dice que “una imagen vale más que mil palabras” y vaya que las fotos y los videos en los cuáles aparecen, primero una colaboradora y luego un hombre, limpiando los zapatos del señor previo a su ingreso al evento de aniversario de la Constitución de 1917 celebrado en la ciudad de Querétaro el pasado jueves 05 de febrero, indigna al espectador por el mensaje que envía el presidente de un poder de la Unión con esta situación; y la cantidad de interpretaciones que cada quien le puede dar; y obvio que los adversarios [llámense informadores, opinadores, “influencers”, políticos y demás “adversarios” decía López Obrador] a Morena y sus afines le han dado vuelo a la noticia, y las imágenes.
Puro “oro molido” aprovechando la ocasión. Es que de veras no hay cómo ayudarlos, como diría otro comunicador. Ver las imágenes duele hasta el grado de convertir en insulto lo que está sucediendo en las mismas: la mujer y el hombre agachándose a más no poder para asearle el calzado. Y el personaje quieto y sereno con las manos en los bolsillos observando tranquilamente. Y el insulto es para todos: los colaboradores, y los espectadores que contemplan la escena en directo, como para los que más lejos hemos visto la repetición del video una y otra vez en medios y redes sociales. ¡Indignante! No se puede estar tranquilamente esperando el aseado del calzado como presenciamos al presidente de la Corte. El “horno no está para bollos” y siguen cocinándolos a montones. Y ninguno de nosotros (as) podemos imaginarnos solicitando semejante acción, aún y cuando habremos tenido cargos de responsabilidad oficial (servicio público le dicen) algunos más altos, otros más modestos.
El rechazo a que los colaboradores lo hagan debe ser la regla y la constante. Debe oponerse el funcionario o servidor público a tal conducta (si es ofrecida por los subordinados), y mucho menos debe solicitarse por ser de una jerarquía superior en términos laborales.
A veces me pregunto si en los estrictos niveles de rangos militares, de marinos, policías y demás corporaciones de seguridad y defensa, se ve lo que hemos visto con el ministro presidente de la Corte: que los subordinados que asisten a los grandes personajes jerárquicamente superiores (generales, almirantes, secretarios de despacho, directores generales, en fin) pidan a sus subordinados que se agachen a limpiarles los zapatos.
Se me hace inaudito. Como inaudita es la explicación del señor Hugo Aguilar Ortiz cuando dice que tal acción se dio porque la colaboradora (subordinada) tiró un café “con nata” en sus zapatos y entiéndase “que se acomidió a limpiarlos”. Por un lado, el presidente del Poder Judicial debe darle dignidad al cargo, respetando la dignidad de todas las personas con las que convive laboralmente. Pero por otra parte es un alto funcionario que debe velar por la dignidad y los derechos de todo tipo de las personas, a través de resoluciones que resuelven destacadas controversias judiciales en el ejercicio de su encargo; y es el primero que hecha por la borda con su conducta y actitudes lo que debería ser distinto en la alta responsabilidad que la ciudadanía le ha encomendado. No recuerdo haber visto nada igual en mis años de vida.
Pero, en fin. Digamos que lo que nos falta por ver también es mucho. Y ojalá veamos mucho de la dignidad, sobriedad y austeridad (en una nueva forma de entender e impartir la justicia) que prometió Morena con la reforma judicial, y no escenas como estas que han hecho volar en mil pedazos (no en palabras) la imagen y el decoro de este impartidor del más alto rango de la justicia en nuestro país.
Al final lo que queda es una columna (esta) hecha de refranes, de indignación y reprobación basada en una imagen que voló en mil pedazos una credibilidad que mucho necesita de legitimación social: la de la Suprema Corte de Justicia mexicana.