Hace 35 años, un Día del Amor y la Amistad (vaya ironía), se estrenó El silencio de los inocentes (The Silence of the Lambs), un thriller dirigido por Jonathan Demme que tomó como base la novela homónima escrita por Thomas Harris.
En la trama, Clarice Sterling (Jodie Foster) es asignada al caso de Buffalo Bill (Ted Levine), un asesino serial que desolla a sus víctimas mujeres después de matarlas. Para atrapar al psicópata, la agente Sterling cuenta con la ayuda del brillante psiquiatra Hannibal Lecter (Anthony Hopkins), también un asesino serial, además de caníbal.
El silencio de los inocentes cambió para siempre la mirada de los cinéfilos en torno al cine de suspenso y es la primera cinta de horror en ganar el Oscar a la Mejor película.
Mucho se ha especulado acerca de quiénes fueron los criminales reales que inspiraron a los personajes de la película. La periodista india Parul Sharma investigó el tema y publicó los resultados en el periódico británico The Mirror.
En el caso del doctor Hannibal Lecter, el propio Thomas Harris explicó que durante una visita en los años 60 del siglo pasado a la prisión estatal de Nuevo León (Monterrey), conoció a un hombre llamado Alfredo Ballí Treviño, al que apodaban Doctor Salazar.
El individuo estaba en prisión por asesinar a su pareja, desmembrarla y finalmente colocar los restos en una caja e intentar enterrarlos en el rancho de una tía.
El Doctor Salazar fue sospechos también del asesinato y desmembramiento de varias jóvenes autoestopistas, aunque no se le pudo probar nada más.
El personaje más inquietante de El silencio de los inocentes es el retorcido homicida Buffalo Bill. Y cómo no iba a ser así si tuvo como inspiración a predadores como Ted Bundy, quien atrapaba a sus víctimas fingiendo que estaba lesionado de un brazo.
Las habilidades taxidermistas del homicida tuvieron como base al desollador Ed Gein, el hombre solitario que ocultaba en su granja de Plainfield, Wisconsin, horrores inenarrables construidos con refacciones humanas.
El pozo en el que Bill mantenía a sus víctimas se basó en el Guardián de la Guardería, el hombre al que Dios encomendó crear una “granja de bebés”, por lo que secuestró a varias prostitutas, algunas de las cuales murieron de hambre.