En un vuelo comercial la distancia que hay entre Perú y Japón es de aproximadamente 16 mil kilómetros. Aun así, Kumagaya, suburbio de Tokio, la capital nipona, alberga unos 2 mil migrantes peruanos, quienes en su mayoría trabajan en la industria automotriz y de alimentos.
De acuerdo con algunos registros periodísticos, en 2003 el peruano Pedro Pablo Mesías Ludeña fue adoptado por un ciudadano japonés, cambiando su nombre por el de Pedro Pablo Nakada Ludeña.
Sin embargo, en una entrevista el propio Ludeña señaló que "compró" el apellido Nadaka por el módico precio de 800 soles (casi 4 mil 300 pesos en la conversión actual), pues "quería viajar a Japón para disfrutar de los beneficios que tienen los descendientes de japoneses".
El sueño de Pedro Pablo quedó para mejor ocasión. Entre el 1 de enero de 2005 y el 27 de diciembre de 2006, el individuo acabó con la vida de al menos 17 personas. La prensa local lo llamó el Apóstol de la Muerte, porque sus nombres de pila remiten a dos de los seguidores y predicadores de las enseñanzas de Jesús y porque el señor Ludeña explicó en su confesión que Dios le habló ordenándole "limpiar el mundo de la escoria".
Para purificar la Tierra, Pedro Pablo asesinó a drogadictos, homosexuales y asaltantes. En sus palabras: "Toda la gente corrupta, como homosexuales, rateros, alcohólicos y maricones".
El 28 de diciembre de 2006, Pedro Pablo Nakada fue detenido. En 2008 fue condenado a 35 años de prisión, aunque en 2009 un grupo de psiquiatras diagnosticó que padecía esquizofrenia paranoide, por lo que fue exento de responsabilidad penal y transferido al pabellón de psiquiatría del penal de Lurigancho.
Casi 10 años después, y como apunté al principio, a casi 16 mil kilómetros de distancia, la policía de Kumagaya detuvo a un hombre como presunto responsable del asesinato de seis personas, ocurridos en menos de una semana y en tres domicilios diferentes.
¿El nombre del detenido? Vayron Jonathan Nakada Ludeña, de 30 años, el hermano menor de Pedro Pablo Nakada Ludeña, ahora de 42 años.
El pasado lunes 14 de septiembre, Vayron Jonathan irrumpió en el hogar de un matrimonio en Kumagaya, asesinando a puñaladas a la pareja. El miércoles siguiente, el individuo mató a una mujer y a sus dos hijas, de siete y 10 años, después de ingresar ilegalmente al domicilio de las víctimas. Horas más tarde, una mujer de 84 años fue encontrada muerta en su bañera.
De acuerdo con el reporte policiaco, en el domicilio de Minoru Tasaki (55 años) y su esposa Misae (53), las primeras víctimas, los uniformados hallaron unas cartas aparentemente escritas con sangre por Vayron Jonathan.
En su intento de huida, el sospechoso cayó desde un segundo piso, fracturándose el cráneo. Debido a que se debate entre la vida y la muerte, el hombre no ha podido rendir su declaración, aunque las autoridades japonesas ya hacen cálculos acerca del posible destino que enfrentará el presunto homicida.
Los especialistas judiciales señalan que solo hay de dos sopas: pena de muerte mediante la horca o prisión de por vida. El abogado Kotaro Tanaka añade: "Para que una persona pueda ser sentenciada a la pena de muerte en Japón, las víctimas deben ser dos o más".
La única forma para que Vayron Jonathan eluda el cadalso es que su defensa pruebe que el hombre padece de sus facultades mentales. Solo que la justicia japonesa no se distingue por su lozanía. El abogado penalista peruano Lamas Puccio resume la situación de la manera siguiente: "Amnistía Internacional ha cuestionado el método de la ejecución de personas en Japón porque incluso se aísla a los familiares, quienes se llegan a enterar después de la muerte".
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