El asesino serial que no fue

Ciudad de México /

Gregory Scott Hale siempre quiso ser un asesino serial. Admiraba a Richard Ramirez, quien en el verano de 1989 aterrorizó el sur de California, donde cometió 13 homicidios, 11 violaciones y 14 robos en residencias. Pero cuando Hale por fin decidió realizar su sueño, cometió un error garrafal que le costó su libertad.

Steven Egger, profesor asociado de criminología en la Universidad de Houston en Clear, Texas, señaló que si Hale no hubiera sido detenido después de su primer asesinato, probablemente hubiera cometido otros más.

“Los asesinos seriales”, indica el especialista, “son motivados por poder y por tener el control de la vida de los demás. Les gusta jugar a ser Dios. Pienso que él [Hale] apenas estaba comenzando.”

Park Dietz, psiquiatra y experto en asesinatos en serie, quien entrevistó a Richard Ramirez en prisión, abundó: “Hale creyó que él también sería El Acosador Nocturno. Idolatró todo lo que Ramirez hizo”.

De acuerdo con el psiquiatra Dietz, el homicidio que cometió Hale fue un ensayo preliminar alentado por la imaginación del criminal.

Gregory Scott Hale no era un imitador (copycat) de Richard Ramirez. Admiraba a El Acosador Nocturno, pero no deseaba copiar paso por paso los asesinatos del criminal angelino.

Ramirez era un vagabundo, un adicto al alcohol y las drogas que pernoctaba en el lugar donde la noche lo sorprendía.

Hale era un baquetón, un holgazán que a los 37 años vivía con sus padres en Pete Sain Road, Summitville, una locación rural del estado de Tennessee. Se había mudado con ellos después de ser despedido de su empleo en una planta procesadora de carne por robar sangre y ojos de los animales sacrificados.

El 8 de junio de 2014, Charles Hyder se reuniría con su ex esposa, Lisa, de 37 años, quien había terminado sus labores en la licorería donde trabajaba, en Manchester, Tennessee.

Había una distancia considerable entre la licorería y la casa en la que Charles vivía con unos amigos. Cuando el hombre volvió a llamar a Lisa, ella no contestó. Al llegar al punto acordado por ambos, Charles se enteró que su ex esposa se había desesperado y aceptó el aventón de un hombre.

Se trataba de Gregory Scott Hale, quien convenció a Lisa Hyder para que tomaran unos tragos en el apartado que habitaba el individuo en la casa de sus padres. Posteriormente, la pareja tuvo relaciones sexuales. Al terminar, la mujer decidió dormir un rato.

Hale decidió que el momento era el indicado para comenzar su camino en el asesinato serial. Fue al armario y regresó con un machete. Lisa dormía confiadamente. Despertó con el primer tajo que su amante le propinó en el torso.

Lisa intentó defenderse, pero Hale no detuvo su ataque hasta que la mujer dejó de moverse. Toda la habitación estaba salpicada de sangre. Más adelante, Hale explicó que nunca antes se había sentido tan bien.

Con las herramientas que tenía a su alcance, Hale decapitó y descuartizó el cuerpo. En una cubeta colocó la cabeza y las manos de la mujer; en otra, los pies. Se tomó una selfie con el cuerpo descuartizado de su víctima. Cortó algo de la carne del cuerpo y lo devoró.

Ahora venía la parte más difícil: deshacerse del cuerpo mutilado de Lisa. Decidió que lo enterraría en la propiedad de sus padres. Pero, bueno… El siguiente paso que tomó Hale truncó su carrera de asesino serial de forma definitiva.

Fue en busca de un vecino, al que le pidió prestada su excavadora mecánica. El vecino vio su reloj y preguntó a Hale para qué la quería; éste respondió que la necesitaba para enterrar un cuerpo. El hombre se negó y en seguida llamó a la policía.

Gregory Scott Hale purga una condena de por vida en la Prisión Estatal de Tennessee.

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  • José Luis Durán King
  • operamundi@gmail.com
  • Periodista; estudió en Historia en la UNAM y desde hace más de 20 años escribe la columna de periodismo negro “Vidas Ejemplares” en MILENIO los jueves cada 15 días. Autor de los libros Gentiles caballeros del terror, Vidas ejemplares. Asesinos en serie y De la región al mundo.
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