El 17 de mayo pasado, Gerardo Javier, de 30 años, y Christopher Axel, de 21, pasaban muy bien el rato en un inmueble de la calle Márquez, en la comunidad Tlaxcala, del municipio Zuazua, en el estado Nuevo León.
Llevaban algunas horas compartiendo enervantes en compañía de Daniela Elizabeth Rodríguez Montes, de quien se desconoce si estaba en el lugar de forma involuntaria o si participaba por propia cuenta en el consumo de químicos. Lo cierto es que en un momento dado, Gerardo hizo una pausa en sus labores de entretenimiento, se puso de pie y comenzó a apretar el cuello de Daniela, quien murió estrangulada.
Christopher Axel no perdió un solo minuto y decidió grabar ese momento climático con su teléfono celular. Sin remordimientos, en un ambiente efusivo a causa de las drogas y el crimen cometido, los asesinos condujeron hasta un lugar despoblado donde sepultaron el cuerpo de Daniela a flor de tierra.
Fue cuestión de días para que las autoridades locales detuvieran al par de homicidas, a quienes se les fincó orden de arresto por el delito de homicidio.
No se ha informado si la grabación hecha por Christopher Axel fue para consumo propio, es decir, excitarse sexualmente cada que apretaban play al video, o si su plan era colocarlo en el circuito clandestino del snuff. Inicialmente, las películas snuff integraban un género de producción cinematográfica —generalmente hecho por aficionados— en el que los actores eran presuntamente asesinados, vejados o torturados.
Se decía que las filmaciones eran proyectadas para un selecto público de pervertidos que pagaba una cuota muy alta para acceder. Con la llegada del celular, filmar todo tipo de situaciones, en teoría, debió beneficiar al cine snuff. No ha fue así: la existencia de ese circuito mantiene estatus de subterráneo. Muchos han escuchado hablar de los filmes snuff, pero pocos han visto una grabación de esa naturaleza.
Todo lo contrario: las grabaciones hechas con un dispositivo móvil se reservan para placer propio. El término snuff fue acuñado por Ed Sanders en su libro The Family. The Story of Charles Manson`s Dune Buggy Attack Battalion (1976), que describía acusaciones —nunca sustentadas— de que Manson y sus seguidores perpetraron dichos crímenes.
En cuanto a los asesinos seriales que han recurrido al snuff, mencionaré dos: Harvey Glatman, El Asesino de los Corazones Solitarios, acabó con la vida de tres mujeres en los años 60 en Los Ángeles. El hecho de que el hombre fuera fotógrafo contribuyó a que filmara a sus víctimas al momento de morir.
David Ray Parker asesinó a casi 60 mujeres entre 1950 y 1990. El pueblo de Truth or Consequences, Nuevo México, fue el escenario en el que montó un inmueble, al que llamó Casa de Muñecas, donde las mujeres que secuestró sufrieron choques eléctricos, mutilaciones, sexo con animales, quemaduras y humillaciones antes de ser asesinadas. Los filmes snuff de Parker constituyen uno de los ejemplos más contundentes de que el Diablo existe y camina a nuestro lado, pendiente del momento en el que tropecemos.
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