En junio de 2016, la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) publicó un artículo titulado “Las redes sociales, el escaparate de los criminales”, en el que Josep Maria Tamarit, director de Criminología de ese centro de estudios, y Manuel Armayones, director de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación del mencionado plantel, plantean la pregunta: ¿qué lleva a un delincuente a exhibir en las redes sociales sus actos violentos?
¿Por qué un hombre mata a su novia, se saca un selfi con el cadáver y la publica en Facebook? ¿Cuál es la necesidad de colgar un video en las redes sociales donde se ve a una joven desnuda que se presume fue violada por una treintena de hombres.
De acuerdo con el criminólogo Josep Maria Tamarit, existe una fascinación por estar presentes en las redes. “Salir hoy en la red y ser visible es una confirmación de que existes socialmente”, explica el especialista.
Por su parte, el investigador Manuel Armayones indica que “por mucho que parezca una barbaridad, desde la lógica de una persona que ha realizado un acto violento y como extensión de este mismo acto, lo que quiere es impactar. En las redes encuentra ese espacio para amplificar su acción”.
Lo que es un hecho es que desde hace al menos dos décadas el espacio virtual es también un deambulatorio que convoca a todo tipo de criminales.
Por ejemplo, en 2016, en Nueva Jersey, Sarah Butler conoció a Khalil Wheeler-Weaver en una red social. A través de mensajes de texto acordaron tener relaciones sexuales en un motel. El hombre se comprometía a pagar 500 dólares por el servicio.
Curiosamente, la mujer preguntó casi como no queriendo: “No eres un asesino en serie ¿verdad?” Diez días después, la joven fue encontrada debajo de un montón de hojas y palos. Las autoridades especulan que el individuo ha asesinado al menos a tres mujeres.
La aparición de internet ha facilitado las tareas de los individuos en la aldea global, de todos, incluso de los asesinos seriales, quienes antes deambulaban por los barrios oscuros de los suburbios en busca de la víctima propicia.
Hoy, simplemente, acuerda en WSP la cita con su próxima víctima y esta llegará, por su propio pie, a la habitación del motel donde será asesinada.