Nuestras acciones están reguladas por la mente que va madurando con el tiempo y a mayor edad, nuestro cerebro cuenta con más información para tomar decisiones. En la política votar por un partido o por otro, es un tema de elección racional, de intereses y por supuesto vinculado con la experiencia. Con estos elementos, Alberto Chong de la Universidad de Ottawa junto con otros investigadores, analizó las elecciones de 2009 en México, para entender porqué la gente no vota o disminuye su participación política.
Encontró que denunciar a los políticos como corruptos, promueve la desilusión política, pero también el abstencionismo electoral. Por ello, la guerra de spots y videos contra determinados partidos políticos va disminuyendo la simpatía de los ciudadanos a participar; pero también rompe sus ilusiones.
Estos estudios de la neuro política muestran que al final, la toma de decisiones electorales no está relacionada con las propuestas de los candidatos, con un análisis de sus propuestas; sino con la carga emocional que puede tener la información del candidato. Es decir, candidatos con poca credibilidad o descrédito pueden ser los menos votados.
En el estudio realizado por Chong en los gobiernos municipales, se encontró que al final del experimento hubo una disminución estimada del 3% de votantes, lo cual no es significativo y por ello; podemos decir que no es concluyente el resultado. Empero, resulta importante considerar que la ola de polarización y crítica hacia los partidos políticos en general puede producir descrédito en los representantes políticos.
Por ello, con la Reforma Política plantead por la presidenta Claudia Sheinbaum es importante considerar la cultura política y los elementos sociales que hacen que la mayoría de los votantes no estén interesados en participar en el debate y en la discusión sobre el tema. En ese sentido, para poder contra restar este efecto de noticias falsas, denuncias y campañas negras en un proceso electoral es necesario que los partidos políticos promuevan una campaña de alfabetización política.
Se trata, no sólo se capacitar a los ciudadanos para ejercer sus derechos y tomar las mejores decisiones, sino también evitar sesgos cognitivos y estereotipos que operan en la política. Como, por ejemplo, que los candidatos con mayor nivel adquisitivo son menos proclives a caer en acto de corrupción o al revés, que los candidatos que provienen de las clases populares pueden caer en componendas o desvíos de recursos.
Al final, la mente, nuestro cerebro puede estar tomando decisiones equivocadas con base en la información que ya tiene concentrada de los anteriores procesos o actuar con base en las experiencias previas. Por tanto, podemos decir que en la política nuestra mente decide por qué candidato votar, no siempre con toda la información o con todos los datos. Los ciudadanos votan con muchas limitaciones, por lo cual en la toma de decisiones el cerebro actúa con base en la experiencia previa. Si consideran los ciudadanos que los políticos no cumplen, estarán poco motivados a invertir su tiempo en caminar hacia la urna y emitir su voto.
Por tanto, las decisiones irracionales tanto en política como en cualquier otro ámbito de la vida cotidiana, se pueden comprender como la toma de decisión que hace nuestro cerebro con base en la experiencia previa, datos almacenados e información disponible. Volviendo al experimento de Chong, realizado en México; si se muestra información contra un candidato seguramente tendrá un efecto. Bajo este planteamiento, podemos comprender que los ciudadanos -hombres y mujeres-, votan con un sentido racional, emocional y que retoma los recuerdos almacenados. Todo esto resulta interesante para pensar en cuidar el prestigio y la reputación como los principales activos a largo plazo dentro de la política.