Las juventudes privilegian rapidez informativa contra precisión y veracidad en redes sociales

  • Comunicar la política y algo más
  • José Luis Estrada

Puebla /

Vivimos en la era de la información, diariamente estamos consumiendo información principalmente por medio de las redes sociales. De acuerdo con la Encuesta sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (Endutih), aplicada en 2023, el 93 por ciento de los jóvenes de 18 a 24 años utiliza las redes sociales para comunicarse. Asimismo, el 81.1 por ciento utiliza las aplicaciones móviles como forma de entretenimiento. Por ello, existe gran consumo informativo, pero fuera de los canales oficiales como periódicos o revistas.

La gran mayoría se informa por medio de cápsulas, influencers o contenido que no es producido por noticieros, sino por otros usuarios, donde se privilegia la rapidez con que pueden recibir las noticias; en contra de la precisión informativa. Esto está produciendo también estrés y problemas de salud mental, porque las juventudes están saturadas de información. Esto produce desinformación, pero también polarización sobre los temas ante una exposición frecuente y controlada por los algoritmos de la red.

No hay tiempo para analizar los datos o la información. Las investigaciones muestran que cuando existe demasiada información, es imposible procesarla, por lo que el cerebro adopta patrones fragmentarios y superficiales. Nadia Chafiq, investigadora de la Universidad Hasan de Casablanca en Marruecos, presentó una investigación que muestra una grave problemática, los jóvenes reciben información escasa, tergiversada o falsa sobre temas importantes como el calentamiento global, la crisis en las democracias o ciertas enfermedades. Ante esto, tienen pocas posibilidades de ejercer un juicio crítico, porque no recurren a las fuentes primarias y tienen escasa o nula información fidedigna para abrir el debate o discusión. Por tanto, sus aseveraciones en la red, están sesgadas o fuera de racionalidad, que contribuye a más desinformación.

Una mala comprensión de los problemas está afectando la toma de decisiones porque la viralidad informativa aumenta la posibilidad de propagar noticias falsas o sin sustento. Esto puede ser más alarmante si consideramos que las redes sociales están llenas de contenido producido por ChatGTP y otras aplicaciones con inteligencia artificial que afectan emocionalmente a las juventudes; porque propician sentimientos de molestia, tristeza, euforia e incluso indiferencia ante los problemas. La información, de acuerdo con Chafiq, tiene un ciclo que cumple con al menos 5 pasos: 1) Creación de la información, 2) Difusión de los datos, el discurso y la información, 3) Ampliación del alcance de los receptores, 4) Creación de emociones y reacciones en los receptores; y, 5) Repetición e impacto de los receptores a otros.

Como podemos apreciar, este modelo está siendo aplicado para transformar la percepción de las juventudes, que son los principales consumidores. En ese sentido, lo que se plantea como un antídoto contra la desinformación es la alfabetización mediática; que las universidades promueven en los jóvenes una cultura que transforme el consumo inmoderado e incontrolado de información. Se requieren filtros críticos en la construcción de la opinión pública para impedir que se sigan reproduciendo los vicios de la desinformación, noticias falsas y posverdad.

Controlar la información recibida en las redes sociales es una tarea compleja. Habrá que construir mayor conciencia entre los universitarios que realizan tareas, ensayos y toda serie de trabajos, muchas veces sin ir a las fuentes originales. El uso de la IA supone un gran riesgo, porque se está utilizando indiscriminadamente, privilegiando la rapidez contra el análisis y la discriminación de datos que pueden ser erróneos o falsos.

Bajo esta dinámica, sólo es posible disminuir el consumo informado de datos, noticias e información disponible en la red con un juicio crítico, alfabetización mediática y fortalecimiento del pensamiento crítico en las aulas. Las fuentes institucionales, los canales informativos oficiales y la educación democrática con algunas propuestas para evitar caer en la desinformación.


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