Los últimos cambios en el sistema político mexicano han llenado de esperanza a una buena cantidad de mexicanos y, muy desafortunadamente, han enfrentado a otra parte de los habitantes de este país que no simpatizan con las ideas del nuevo régimen y desaforadamente manifiestan su rechazo al lopezobradorismo.
En lo particular no creo que existan mesías, al menos en política, que puedan cambiar de manera mágica la podredumbre que se vive en el sistema político mexicano, del que estoy muy seguro es el responsable de esta aspiración de alguno connacionales a que el cambio llegue del cielo.
Estoy convencido que el cambio llega de la acción coordinada y que empieza por un cambio en uno mismo, para seguir en el entorno familiar, luego en el comunal para finalmente, aterrizar en un cambio en nuestra sociedad.
La gran pregunta es: ¿Qué estamos haciendo para que este país cambie? ¿Acaso hemos dejado de dar “mordida” a partir del primero de diciembre? Al terminar de hacer el “super” y colocar la compra en la cajuela del coche. ¿Hemos llevado el carrito a su depósito? O lo hemos dejado “olímpicamente” detrás del coche de al lado sin importarnos lo que pase cuando llegue su dueño. Pocos casos conozco de esos, la sociedad no cambia por decreto, cambia por el hecho de que se generen esos cambios en la conducta de la gente.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) fue un escritor italiano, autor de la novela “El Gattopardo”, novela que retrata el acomodo de los aristócratas al movimiento de la revolución unificadora. Por ello, el término “lampedusiano” o “gatopardismo” se usa para consignar un cambio ficticio, que alude bien una frase de la novela: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie” (en italiano: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”).
El cambio gatopardista o lampedusiano es pues, un simple cambio cosmético, que no toca las estructuras, es un cambio superficial, ficticio y perverso. Realmente me es difícil terminar esta columna sin citar, como en otra entrega, con el himno musical que marcó la reunificación italiana, el coro del tercer acto de la ópera Nabucco de Verdi “Va pensiero” (vuela el pensamiento) que relata la nostalgia de los hebreos en el exilio y la añoranza por la tierra natal, la frase “Oh mia patria sì bella e perduta” (¡Oh patria mía, tan bella y perdida!) me resuena nuevamente como a los italiano del siglo XIX.
Luchemos por un cambio de fondo, por un cambio real, desechemos lo superficial y unámonos en un solo esfuerzo. El cambio real es requerido.. _
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