En el día del niño

  • A morir a los desiertos
  • José Manuel Vázquez Navarro

Laguna /

Hoy 30 de abril, es día del niño; sí, hoy celebramos a esos chaparrines que viven esa adorada etapa de la vida que los viejos añoramos y que los infantes tienen prisa por terminar y ser “grandes”, pues de niños creemos que los adultos no tienen restricciones.

Por desgracia, la sociedad violenta y de criminalidad impune que hemos conformado, coarta muchas de nuestras libertades a fin de tratar de mantener seguros a nuestros niños. 

Ni siquiera los adultos pueden salir a la calle y sentirse plenamente seguros. 

Eso ha cambiado mucho la vida plena de los niños.

Tuve la fortuna de tener una niñez plena de esa libertad y la dicha de tener una familia extra en los niños de la “cuadra” o “el barrio”; conocías a los vecinos de aquí y más allá, y tenías una “palomilla” con quienes convivías y jugabas buena parte de la tarde y hasta muy entrada la noche.

La calle era el sitio de juegos como el clásico “bríncate burro”, o el muy elaborado “chinchilagua”. 

En éste los integrantes de un equipo brincaban para tratar de abatir la resistencia del equipo que la hacía de “burro”, con un niño colocado de pie y espaldas a la pared con las piernas abiertas, donde el primer borrico se agachaba apoyando su cabeza para ser seguido por los demás; ya listos se escuchaba el “arriba voy” del primer saltarín y luego iban llegando los demás entre risas, improperios y gritos de dolor y de dicha.

Un bote de lámina o un lugar designado en una pared, era la manera de reclamar en la bien llamada “bais” (base) en el clásico “uno, dos tres por fulanito”, de los juegos parecidos a las “escondidas”; entre estaos juegos destacaba el “cinto escondido”, donde el designado escondía en algún lugar un cinturón, que luego buscaban los participantes y el que lo encontrara podría dar de azotes a los que alcanzara antes de que encontraran la seguridad de la “bais”.

Las canicas eran un asunto aparte, eran objeto de deseo y botín que se ganaba y perdía. Había ojos de gato, floreadas, las comunes agüitas, entre otras; claro que todos teníamos una canica preferida, era tu “tiro”, con la que competías y la que menos querías perder.

Las “retas” del futbolito, el beis con palo de escoba y pelota de esponja, el trompo, el balero, juegos y tiempos que se fueron y se pierden en la nostalgia. 

Ahora nuestros niños son electrónicos y no salen del celular o la tableta, cada generación ha tenido lo suyo, lo verdaderamente triste es que vivamos en la zozobra de la inseguridad.

Pero hagamos una tregua, por favor disfrute con sus hijos, sobrinos o nietos este día del niño; si no los tiene, saque a su niño interior y brinquen en charquitos, tiren piedras en un río para hacer “patitos”, hagan una construcción con arena o “tierrita”, caminen descalzos en la hierba, asómbrense con las cosas simples, con las cosas bellas, con esa inocencia y curiosidad de nuestra alma de niño.

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