Cartas oceánicas

Sergio Ramos: libro de familia

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Cuerpo y alma. Sergio Ramos, capitán de escudo y espada, defiende por instinto y ataca por vocación. Es el alma de un centro delantero encerrada en el armazón de un zaguero central. El líder del Real Madrid tiene la capacidad para jugar dos partidos en el mismo campo. Detrás de la línea media interpreta a su equipo como un pueblo amurallado, y por delante de ella se convierte en el conquistador que se arroja al triunfo desplegando banderas. Más que una carrera, Ramos escribe una historia épica. No hay medias tintas en ella: ¿puede un futbolista ser tenaz defensor y goleador en una sola vida? Sí, basta con medir sus latidos, escuchar su respiración y mirarlo jugar.

Caja torácica. Pechos como el suyo, templan las armaduras de las instituciones. Ramos será el troquel que utilizará su Club para forjar nuevos jugadores. El día que se retire, aparecerá una lista con apellidos de veinte candidatos cumpliendo los requisitos técnicos. Pero no se tratará de cubrir un puesto, sino de encontrar un espíritu. Los sustitutos de esta especie de futbolistas solo pueden criarse, educarse y alimentarse con ellos. La transferencia de principios y valores es uno de los grandes pilares del deporte. El libro de familia de un equipo guarda los misterios del carácter. La antología y descripción de sus antepasados identificarán al joven jugador con una forma de pensar, un estilo de juego y un tipo de sangre.

Tipo de sangre. Aquellas organizaciones que fueron fundadas con cláusulas de consanguinidad, evolucionaron de tal forma que sus herederos les garantizan inmunidad contra el tiempo. A través de los años, los equipos que trabajan sus canteras, respetan sus tradiciones y escuchan a sus abuelos, se parecen entre ellos. Para que Sergio Ramos naciera tuvo que existir Santamaría, Marquitos, Pachín, Benito, Pirri, Sanchís padre, Sanchís hijo o Fernando Hierro. Cuando se encuentra un jugador irrepetible, hay que hacerle más radiografías que fotografías y firmar menos autógrafos que actas de nacimiento. 

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