Anfitriones en obra gris

  • Columna invitada
  • Josué Becerra

Monterrey /

No cualquiera sabe ser un buen anfitrión. Así lo han demostrado las autoridades de Nuevo León, al no estar preparadas —o al menos no prever— los problemas que implica recibir a miles de visitantes en un evento de talla mundial.

La evidencia apareció apenas diez días antes de la inauguración y a unas horas de la llegada de la primera Selección japonesa. El colapso en el Aeropuerto Internacional de Monterrey, provocado por las obras de construcción del Metro, evidenció serios problemas de acceso y movilidad ante la falta de vías alternas para enfrentar cualquier contingencia.

Resulta difícil entender que se hayan estrangulado los principales accesos con obras que ni siquiera estarán en operación inmediata. La decisión revela prioridades desordenadas y una deficiente planeación. Las imágenes de pasajeros y tripulaciones cargando maletas y caminando cientos de metros para no perder sus vuelos dieron la vuelta al mundo, proyectando una imagen poco favorable de la entidad.

La llegada de la Selección nipona terminó convirtiéndose en motivo de pena ajena. Así como se colocaron carteles de bienvenida en japonés por distintos puntos de la ciudad, faltó instalar algunos que dijeran: “Shitsurē shimasu”, es decir, “disculpe usted”.

Ya hemos documentado en este espacio la larga lista de obras anunciadas para presumir una recepción extraordinaria: un ostentoso parque acuático junto al estadio mundialista, puentes peatonales-mirador sobre el río Santa Catarina, proyectos multimillonarios que permanecen inconclusos. A ello se suman vialidades destruidas, una movilidad deficiente y un sistema de transporte confuso. Todo quedó en promesas, retrasos e improvisaciones que exhiben a una autoridad incapaz de organizarse como anfitriona.

A estas alturas, parece que la apuesta oficial es que la fiesta termine por opacar las deficiencias. Será entonces responsabilidad de los ciudadanos rescatar la imagen que los gobiernos han puesto en riesgo. Nos corresponderá mostrar la cortesía, la hospitalidad y la calidez que distinguen a los mexicanos.

Que cuando estemos frente a los visitantes extranjeros aparezca el rostro más amable del norte del país; uno muy distinto al paisaje gris de las obras inconclusas que hoy presumen las autoridades.


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