Cuesta de enero: pagando impuestos, cumpliendo todos

  • Columna invitada
  • Josué Becerra

Monterrey /

En la cuesta de enero, una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos cumplidores es el pago de los impuestos sobre sus propiedades: si se cuenta con bienes raíces, el predial; si se posee un vehículo, la tenencia o el refrendo vehicular. Esta recaudación es tan relevante que las autoridades municipales y estatales encargadas de su cobro suelen incentivar el pronto pago con descuentos o promociones que van desde seguros contra daños a la propiedad para los contribuyentes madrugadores hasta sorteos de premios atractivos. Con ello se busca motivar el cumplimiento durante el primer trimestre del año.

El impuesto predial, al ser la principal fuente de ingresos propios para los municipios de Nuevo León –después de las transferencias federales y estatales–, cobra especial urgencia este año debido al entrampado Presupuesto y al complejo reparto de recursos municipales por parte del estado. Tan solo Monterrey recaudó en 2025 aproximadamente mil 700 millones de pesos, 10 por ciento más que el año anterior. Esa cifra se convierte ahora en la meta a superar en 2026, razón por la cual al municipio no le tembló la mano al aplicar un incremento promedio del 24 por ciento al gravamen, haciendo uso de la atribución aprobada el año pasado, con todo y el costo político que implicó la sorpresa para los contribuyentes.

En el caso de los impuestos vehiculares, el Estado pretendió recaudar cinco mil millones de pesos en 2025, una cantidad considerable que se busca superar en 2026 con los ajustes propuestos, entre ellos la eliminación de beneficios para los autos sustentables, que ahora deberán pagar el refrendo sin las consideraciones de años anteriores.

Así, por ejemplo, quien reside en la capital de Nuevo León y cuenta con un automóvil híbrido deberá enfrentar este año un incremento significativo en sus impuestos, aun considerando los descuentos promocionales anunciados.

En este juego permanente entre obligación, responsabilidad y necesidad de recursos, la transparencia debería ser el eje rector. Si cumplo como buen contribuyente, lo mínimo que espero es que la autoridad también lo haga, garantizando lo básico en seguridad y servicios de calidad, con una clara proyección y definición del destino de los recursos, y no bajo criterios de discrecionalidad, como suele ocurrir.

La ironía es constante: pagamos por circular en vehículos sobre calles con pavimento deplorable, lo que genera daños, retrasos en los traslados y mayor contaminación ambiental. Resulta indignante pagar la tenencia de una vivienda con el temor permanente a robos o sin contar siquiera con una luminaria suficiente en la colonia. A este reto estructural de las administraciones súmese el tan aplaudido y esperado Mundial de Futbol, que hasta ahora no ha logrado unir voluntades políticas ni generar una coordinación efectiva entre niveles de Gobierno.

Si los administradores de esta casa llamada Nuevo León –estado y municipios– no son capaces de mantener una mejor metrópoli para quienes vivimos y pagamos aquí, ¿qué es lo que realmente podemos presumir como anfitriones ante los visitantes?

Seamos, pues, cumplidores, pero también exigentes y transparentes.


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