Lo que el futbol une, la política divide

  • Columna invitada
  • Josué Becerra

Monterrey /

La efervescencia por el evento más esperado no se detiene, pero tampoco logra mover la vida interna de Nuevo León. Los conflictos políticos continúan como si nada. La romántica premisa de que el futbol une y pacifica aquí simplemente no aplica. Basta ver que pese a la coordinación y voluntad de organización que presumieron para convertirse en anfitriones conjuntos del Mundial, no se movió ni un centímetro la disputa entre los distintos colores partidistas.

La selección del Legislativo y la del Ejecutivo siguen peleando el balón del Presupuesto atorado: muchas llegadas al área, fintas y dribles, pero ni un solo disparo a gol. Amenazan a balón parado con juicios políticos y, en un juego cada vez más defensivo, todos parecen cómodos con el empate. Por eso continúan tocando en corto, ya casi al medio tiempo rumbo al 2026. No parecen cansarse, aunque a quienes verdaderamente están agotando es a la afición nuevoleonesa.

Por otro lado sobra protagonismo y falta trabajo en equipo. Las miradas puestas en el 2027 provocan que todos los aspirantes a la titularidad –e incluso los relegados a la banca– pidan el balón con tal de aparecer en la fotografía y ganar reflectores. Poco importa qué tan brillantes sean sus participaciones; el problema es que en medio de la egolatría se desgastan recursos y energía sin construir un verdadero proyecto colectivo.

La competencia en un Mundial, como en la política de Nuevo León, genera expectativas altísimas. Se supone que debe prevalecer la paz y el fair play, algo que en el juego local difícilmente se observa. A quienes participan parece no importarles cometer faltas: las patadas por encima del balón, las pisadas y hasta los jalones de camiseta son el pan de cada día, sin sanción ni árbitro electoral que haga valer las reglas. Aquí no existen las tarjetas.

Así, poco a poco, nos alejamos de la idea de que nuestra manera de jugar la política pueda llevarnos a finales o campeonatos. La cultura de la competencia personal está por encima de la construcción de una verdadera selección de los mejores y más capaces. Total, quienes hoy están en la cancha saben que su paso es temporal y que deben aprovechar la pantalla, aunque sea para salir en las estampitas.


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