'Modo party', modo campaña

  • Columna invitada
  • Josué Becerra

Monterrey /

A un día del arranque de la fiesta mundialista, el tema resulta inevitable. El llamado modo party anunciado por el gobernador divide emociones: entusiasmo entre los hedonistas e indignación entre muchos ciudadanos. Y es que para una celebración que implica tanto gasto superfluo y tan poca infraestructura realmente útil, preocupa que la apuesta sea convertir a Nuevo León en un gran festival sin control ni autoridad.

No se trata de asumir el papel de aguafiestas, sino de ser realistas y estar a la altura de los reflectores internacionales. Imponer una narrativa carnavalesca para aprovechar el momento con fines proselitistas resulta aún más descarado. No es casualidad que a 12 meses de la elección estatal, cabalgatas, rifas, festivales y torneos aparezcan teñidos de colores partidistas, disfrazando una campaña política con recursos y escaparates mundialistas.

Ni siquiera las advertencias de los organismos rectores del futbol internacional parecieron modificar el enfoque político del evento. Si somos sinceros, en ocho años no logramos prepararnos para recibir adecuadamente a 350 mil visitantes durante un mes en aspectos tan básicos como el Aeropuerto y la movilidad urbana.

La atención de la autoridad ya no parece estar puesta en los turistas futboleros. Está concentrada en los cuatro millones y medio de nuevoleoneses que acudirán a las urnas el próximo año. Para ellos está diseñado el jolgorio.

Y aunque a la mayoría nos agrade una fiesta gratuita, no debemos perder de vista su costo real, porque no habrá party sin cover político. Recuerde el viejo dicho: a fiesta y revuelta, ganancia de suspirantes.

Pero también hay que reconocer un aspecto positivo. Las calles del Centro lucen limpias de comerciantes ambulantes, algo que pocas veces se había visto en años. Una tregua mundialista que, probablemente, terminará en cuanto concluya el evento y nos devuelva a nuestra aglomerada realidad.

Mientras tanto, disfrutemos, gocemos y aprovechemos la derrama económica y la oferta de eventos. Pero no caigamos en la Gomorra. Seamos más responsables que nuestras autoridades. Que la tolerancia no se convierta en libertinaje y que las consecuencias de los excesos no terminen en tragedias.


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