Monterrey a taladrazos

  • Columna invitada
  • Josué Becerra

Monterrey /

Seguro no es la primera polémica por una obra de infraestructura municipal que se revierte de una administración a otra.

El plan del entonces alcalde Luis Donaldo Colosio de cerrar los carriles centrales del Arco de la Independencia, en una de las avenidas más transitadas del primer cuadro de Monterrey, buscaba proteger la estructura histórica del monumento, reducir los altos índices de siniestros viales y priorizar el espacio peatonal para ordenar la movilidad en el cruce de las avenidas Francisco I. Madero y José María Pino Suárez.

Sin embargo, el resultado fue un embudo vial que detonó molestias entre automovilistas y comerciantes.

Esa inconformidad es ahora utilizada por la actual administración de Adrián de la Garza para retirar la obra y devolver agilidad vehicular a la zona.

Esta batalla política nos está costando a los ciudadanos 27 millones de pesos de la construcción original, más otros 2.5 millones por la restitución.

En total, cerca de 30 millones de pesos tirados en una guerra de poder político tan sólo en ese crucero. Y esto apenas empieza.

El proyecto denominado Revive el Centro, que contemplaba más de 15 obras y una inversión de 650 millones de pesos, también enfrenta planes para desvivirse a taladrazos.

La guerra sin cuartel rumbo a la gubernatura no sólo representa un desgaste financiero; también implica un desgaste ciudadano ante la ausencia de un órgano regulador de obras que trascienda a los ayuntamientos en turno.

¿No convendría contar con un consejo interinstitucional, como ocurre en ciudades de Estados Unidos, con verdadera planeación metropolitana?

Un organismo donde las obras estuvieran respaldadas por estudios de factibilidad, recursos garantizados, procesos concursados, transparencia y monitoreo permanente en tiempo y forma. Sí, utópico.

Hace falta mayor presión ciudadana para evitar que obras discrecionales se construyan primero bajo argumentos estéticos y después se destruyan con nuevos estudios funcionales.

La diferencia entre la continuidad de proyectos viales en ciudades estadunidenses y en municipios mexicanos como Monterrey no radica en la ingeniería. Está en el sistema político, financiero y de planeación.

Aquí, si cambia el Gobierno, cambia la prioridad. Si cae la recaudación, se frenan las obras.

Si hay confrontación política, los proyectos se congelan o se revierten. En Monterrey, lamentablemente, la grilla sigue mandando.


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