Cada ocho minutos se registra un accidente vial en Nuevo León. Y aunque somos una de las entidades con mayor incidencia de choques automovilísticos, seguimos preocupándonos más por las consecuencias que por las causas.
Pero, ¿qué podemos hacer para reducir esta incidencia?
Esta semana, un conductor de 93 años atropelló a una mujer que salía de un consultorio médico, en el acceso de una farmacia. Al parecer, una confusión entre los pedales provocó graves lesiones a la mujer y severos daños materiales, luego de que el vehículo ingresara al establecimiento sin frenar.
El caso no es único. Recientemente se han registrado otros accidentes de consideración en los que estuvieron involucrados conductores de edad avanzada, con una evidente responsabilidad. Esto reavivó el debate sobre la capacidad de conducción de las personas mayores.
En Telediario preguntamos a nuestros televidentes si debería permitirse conducir a personas octogenarias o si sería conveniente realizarles pruebas de aptitud a partir de los 70 años. La mayoría de las opiniones coincidió en una preocupación legítima: cómo garantizar la seguridad sin caer en la discriminación por edad.
El Artículo 115 del Reglamento de Tránsito establece que para la expedición de licencias a personas mayores de 70 años debe acreditarse ante la autoridad estatal o municipal un certificado de salud que constate un estado físico y mental apropiado para la conducción de vehículos.
En la práctica, sin embargo, queda la duda de qué tan rigurosa es esa supervisión y si realmente se verifica la aptitud de quienes están detrás del volante.
Pero si nos preocupa tener conductores aptos en nuestras calles, también deberíamos colocar el primer filtro en los jóvenes.
Si en los adultos mayores el riesgo puede estar relacionado con la disminución de ciertas capacidades físicas o de reacción, en los conductores primerizos puede aparecer otro factor: el exceso de confianza, la inexperiencia y esa mezcla de adrenalina y velocidad que suele convertirse en una combinación peligrosa.
Y mientras las licencias de conducir continúen expidiéndose sin convertirse en un verdadero filtro para evaluar la preparación de automovilistas y choferes, tendremos que comenzar en casa.
No se trata de subestimar a nadie por su edad. Se trata de asumir responsabilidades.
Que en cada familia exista también un filtro. Que sepamos cuándo un joven todavía no está preparado para conducir y cuándo un adulto mayor ya no reúne las condiciones necesarias para hacerlo.
Porque cuidar a quienes conducen también significa cuidar a quienes caminan, cruzan una calle o simplemente están entrando a una farmacia.
La seguridad vial no empieza en el reglamento. Empieza en casa.