La política según Jaime Bayly (ardientes declaraciones)

  • Las posibilidades del odio
  • Juan Carlos Hidalgo

Ciudad de México /
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De verdad que hay libros que te encuentran; arribé a la Cafebrería El péndulo de la Zona Rosa para tomar una cerveza momentos antes del inicio de la fiesta por el XV aniversario de la revista Marvin. El periplo iniciaría con una foto masiva al estilo de las quinceañeras en El ángel de la independencia (apenas a unas cuantas cuadras).

Mientras se llegaba la hora de la toma (y llegaba la pandilla completa) eché un vistazo a las mesas de novedades y, como era de esperarse, en ese local han preparado un stand especializado en literatura gay. Me sorprendió ver en la parte más alta un libro del peruano Jaime Bayly. Uno en cuya portada posa junto a una jovenzuela francamente hermosa. El libro se llama “El niño terrible y la escritora maldita” (Ediciones B).

Bayly es un animador de la cultura latinoamericana. Periodista, conductor de televisión, celebrité despatarrada y un libertino irredento. Ha hecho programas en Perú, Colombia, Argentina y Estados Unidos. Todas sus ideas son una bomba anti-conservadores. Él es bisexual, consumidor de drogas, polemista avezado y un liberal empedernido. Con su primera esposa tuvo dos hijas y en algún momento consideró la posibilidad de contender por la presidencia de su país.

En su obra más reciente da cuenta de cómo se enamoró de una chiquilla de 20 años que aparentaba 18; de cómo se desdibujaron sus impulsos homosexuales y cayó perdido de una aspirante a novelista. Ese amor loco fue otro de sus mega escándalos que se potenció cuando ella queda embarazada.

Jaime se propone explicitar su vida privada y alternarla con las columnas periodísticas que publica. Su intención es que su hija Zoe tenga una muy completa bitácora de su origen y de la relación y el intenso romance entre sus padres. Hasta después me enteraría de que el autor tiene un tumor canceroso en el cerebro que es inoperable.

Se dice que: “esta novela cuenta la historia de un amor improbable y escandaloso, el del niño terrible y la escritora maldita, que parecen padre e hija, viejo verde y lolita insaciable, quienes nadando a contracorriente están dispuestos a dinamitarlo todo”. Me parece un libro estupendo, además de un acto personal de gran valentía. Seguro que a los compradores gays de la Zona Rosa no habrá de agradarles del todo la narración de un proceso complejo que alejó al autor de los hombres –allá ellos-, pero otra cosa que me sorprendió fue la gran carga de aseveraciones en cuanto a la política que suelta un tipo irreverente y de personalidad magnética.

Ahora que atravesamos en Hidalgo una temporada de campañas electorales, sin duda que el encendido e incendiario pensamiento del también autor de La noche es virgen” y “Los amigos que perdí” le subirá la temperatura a las sobremesas y charlas de bar. No sólo conoce a fondo de lo que habla (en Perú basta con tener dinero para ser candidato) sino que sus planteamientos conducen a interesantes reflexiones.

Retomaré algunas de sus ideas, comenzado por un pasaje que me recuerda tremendamente al caso del Alcalde saliente de Pachuca: “La política es una enfermedad, los políticos son personas casi siempre enfermas y sin embargo extrañamente admiradas, el político que triunfa y llega al poder es rara vez alguien que desea servir por razones altruistas o desinteresadas, suele ser una criatura desesperada por alcanzar la gloria, la notoriedad, el poder, aunque todo eso dure poco y a menudo acabe mal.

¿De qué están enfermos los políticos? Supongo que de vanidad, de contemplarse a sí mismos con pasión desmesurada, escucharse embriagados, mirar las noticias no para ver qué ha ocurrido, sino cómo han salido ellos. Los políticos persiguen enfermizamente eso que llamamos el poder, que no es otra cosa que la sensación pasajera de que uno es más importante que los demás, uno es el que manda, el jefe de la tribu, el que toma las decisiones”.

Y cuando se viene el climax de las campañas, ¿qué dice Jaime acerca de la naturaleza de tal causa? “La política es un oficio conspirativo, de intrigas, pactos desalmados y traiciones. Te obliga a hacer concesiones. Te obliga a mentir… El político necesita llegar al poder y al poder sólo se llega diciéndole a la gente las cosas bonitas que quiere escuchar. No se tiene éxito político siendo honesto, se fracasa siempre, de todos modos. Es la naturaleza misma del oficio, tienes que ser taimado, astuto, malicioso, desconfiado. Tienes que ser lo que los otros quieren que seas. Tienes que ser un camaleón. No puedes empecinarte en ser esto y lo otro, si eso le disgusta a la gente. El producto eres tú, estás en venta, tienes que venderte, tienes que conseguir que la mayoría te compre”.

¿Qué por qué me cae bien Jaime Bayly? Por si no fuera suficiente con lo anterior, todavía queda parque. “Hay algo chato, mediocre, sin vuelo, en los que creen que la vida comienza y termina en la política y sólo son admirables los que ocupan el poder. Cuando uno viaja, lee, observa y escucha con atención, cuando busca la belleza en el arte, que es lo que perdura, y no en el poder, que es pasajero y accidental, el mundo de la política parece un gigantesco manicomio, una casa afantasmada, un lugar reservado a los orates, los charlatanes, los que se obstinan en ofrecernos la peor versión de sí mismos, todo el día intrigando, conspirando, rebajando al adversario, embaucando… escuchando el eco de sus propias voces”.

circozonico@hotmail.com

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