El desarrollo económico no ocurre por casualidad. Se construye cuando una ciudad genera confianza, estabilidad y condiciones claras para crecer.
La prosperidad no es un discurso abstracto: es empleo, inversión, actividad productiva y oportunidades reales para las familias.
Se refleja en el dinamismo industrial, en el fortalecimiento del comercio, en la expansión de servicios y en la capacidad de atraer talento y capital con visión de largo plazo.
En el norte del país, particularmente en Torreón, dentro del estado de Coahuila y la región de La Laguna, este proceso se ha traducido en resultados concretos.
En los últimos cuatro años, más de 20 nuevas empresas se han instalado en la ciudad, generando alrededor de 9 mil empleos directos y miles más de manera indirecta.
La inversión ha sido constante y relevante, fortaleciendo la base económica regional y ampliando las cadenas de proveeduría, logística y servicios especializados.
Cada empleo representa ingreso para una familia y mayor estabilidad para la comunidad.
Cada nueva inversión activa transporte, comercio local, vivienda, servicios profesionales y formación técnica.
El crecimiento no se queda en una cifra acumulada; se percibe en el ritmo cotidiano de la ciudad, en la movilidad económica y en la confianza con la que emprendedores y trabajadores proyectan su futuro.
Ese es el verdadero impacto del desarrollo: generar condiciones para que más personas encuentren oportunidades reales sin tener que salir de su región.
Además, el vínculo entre universidades, sector productivo y autoridades ha permitido consolidar capital humano preparado para responder a las nuevas demandas industriales.
Esta articulación fortalece la competitividad y crea un entorno donde la inversión encuentra talento disponible y reglas claras.
Parte de este entorno favorable descansa en condiciones de estabilidad institucional.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, mediante la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, Torreón se ubica como la séptima ciudad con menor percepción de inseguridad entre las 91 evaluadas en el país y la segunda con menor percepción de inseguridad dentro del grupo de ciudades con más de 500 mil habitantes.
A nivel estatal, Coahuila también se mantiene entre las entidades con mejores indicadores en esta materia.
La prosperidad no surge de manera espontánea ni se mantiene por inercia.
Es resultado de políticas públicas que entienden que la seguridad no es un fin aislado, sino una condición que permite crecer.
Cuando se sostiene una estrategia firme y continua, se fortalece la confianza, se atrae inversión y se generan empleos.
Así se consolida una dinámica donde estabilidad y desarrollo avanzan juntos, traduciendo cifras en bienestar tangible para la gente.