Los callos de la Reforma Electoral

  • Dato duro
  • Juan Carlos López Aceves

Tamaulipas /

Se preguntará con mucha razón, por qué una iniciativa que apenas toca once artículos constitucionales, a diferencia de los 31 que modificó la reforma de 2014, y que deja intacto el Sistema Nacional Electoral aprobado hace doce años, ha generado el rechazo de las cúpulas partidistas opositoras.

Considerada de gran calado, por el número de artículos modificados y porque parió al paradigma electoral vigente, la reforma de 2014 cambió los artículos 26, 28, 29, 35, 41, 54, 55, 59, 65, 69, 73, 74, 76, 78, 82, 83, 84, 89, 90, 93, 95, 99, 102, 105, 107, 110, 111, 115, 116, 119 y 122 de la Carta Magna (la actual afecta al 35, 41, 52, 53, 54, 55, 56, 63, 115, 116 y 134).

En febrero de 2014, cuando se publicó, Morena tramitaba su registro como partido político ante el IFE, pero la reforma tuvo el voto en contra de Ricardo Monreal Ávila y Luis Alcalde Luján de MC en la Cámara de Diputados, y de Mario Delgado Carrillo, Manuel Bartlett Díaz y Adán López Hernández del PRD y PT en el Senado.

Por esta razón, si la reforma de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo deja intacto el sistema electoral vigente, por qué motivos es rechazada por MC, PAN, PRI, PVEM y PT.

Básicamente son dos: la reducción del financiamiento público a los partidos y la desaparición de los 32 escaños de representación proporcional junto con el método para asignar las 200 curules pluris de la Cámara de Diputados.

Respecto a la reducción del financiamiento público, que afecta a la burocracia partidista, recordemos que Morena recibió en 2015, el 3.5% del total de dinero que le asignaron al PAN, PRI y PRD: 120.8 contra 3,420 millones de pesos.

Y que ganó la presidencia y la mayoría del Congreso de la Unión, recibiendo en 2018 el 17.3% del monto asignado a estos tres partidos, es decir, 649.2 contra 3,744 millones de pesos, demoliendo el argumento del bloque opositor de que, a menor dinero público, menor número de votos. Falso.

Sobre los escaños y curules pluris, basta decir que las dirigencias partidistas, que transitan de Cámara en Cámara cada tres o seis años, como en el 2024, hoy se resisten a dejar este modo de vida.

Como poder observar, los callos que pisa la reforma nada tienen que ver con la calidad de la representación política, sino con los intereses de las élites partidistas. De ahí su rechazo.


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