Los que están mirando

El tercer hombre

Juan Carlos Porras

Si antaño ser hombre del Bajío significaba ser hombre auténtico, para el leonés actual no le significa nada, pues bajo la tutela identitaria del himno secular La vida no vale nada de José Alfredo Jiménez se justifica a la pobreza y al sufrimiento y se impone la falta de respeto, “con cierta agresividad”. Quiero decir, el ejercicio del poder por el poder. El cronista de la ciudad Carlos Arturo Navarro Valtierra q.e.p.d. lo conceptualizó de manera tajante: Tenemos, decía, “una identidad: triunfalista, individualista, globalista, moderna, irrespetuosa a la autoridad en general, por sentimientos de igualdad”. Y culminaba su reflexión con una frase lapidaria: “Temor al cambio”.

Recordemos que la huella del hombre significa mucho para quien obtiene su sentido de pertenencia y más para quien la desarrolla. Comparte su historial, de ida y vuelta, y vincula origen, pero también su estatus presente es temeroso pues pensamos, comofinal catastrófico lo que viene, ya sea por la pandemia de Covid-19 o bien por el desastre climático. Pero todo esto genera, más bien, engendra aquello de ser más que el otro porque se acaba el tiempo.

El poder es lo que importa en esta sociedad nuestra. Si se sostiene con el dinero, mejor, venga de donde venga. La educación se diluye porque no interesa demostrar que somos herederos de lo que se conoce como “el tercer hombre”. Este concepto histórico que “unifica los múltiplos de cultura que el hombre ha elaborado en toda la existencia de la humanidad”.

Por ejemplo, la historia de León se cuenta en 500 años y algunos días más. No se tiene explorado con eficacia desde el Año 900 d.C., menos aún del Año 350 a.C. al 1500 d.C. Nuestra primigenia carta de identidad y pertenencia se pierde en el tiempo-espacio. De allí que procedemos de una concepción del tiempo lineal, no cíclico como otras sociedades lo tuvieron, venida del judeo-cristianismo que inventó dicha noción. Al paso del tiempo en la ciudad hemos perdidola oportunidad de tener una grandiosa expresión cultural elaborada desde el Bajío. De repente se nos diluyóya que “el acto de corresponder o pertenecer a un espacio vital” se nos canjea por la globalidad de las redes digitales. Hoy nos consideramos ciudadanos[digitales] del mundo, desvinculados de nuestra propia comunidad y de sus valores (Carlos A. Navarro Valtierra dixit). Es verdad que “los nuevos vientos no se modifican, pero circulan mejor a través de los viejos cauces”. De allí que “la verdadera identidad es cuestión, de lo que somos y lo que hacemos. Debe incluir todo lo que heredamos de nuestros más remotos antepasados”. (Phillip Pullman: 2010). El tercer hombre obliga a la movilidad cultural pero también es una expresión genuina que ayuda a congraciarnos con las expresiones culturales de la humanidad porque lo anterior sintetiza el acuerdo de las muchas razas.

Juan Carlos Porras

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