La resurrección de la muchacha de Ernesto Cardenal o la niña para Charles Bukowski vista en León

Ciudad de México /

“(…) contesta Tú el teléfono”, en franca alusión a la llamada telefónica que pudo realizar Marilyn Monroe y no hizo. ¿Pero a quién?

De manera cotidiana encuentro a Marilyn Monroe por la ciudad. Es decir, su imagen proyectada en un cromo y en una pared, la primera resguarda una mesa del restaurante Las Escolleras en el Barrio de San Juan de Dios —donde suelo ir a comer—; la segunda, a unos metros del Parque Juárez, señorea el muro donde otros célebres artistas de la farándula hollywoodense sonríen, respectivamente, viajan conmigo.

M. se nos ha hecho más que un icono un óasis (no “oasis” pues aludo a la forma griega, dicha y escrita, «óasis» respaldado por Corominas, Arrigo CoenAnitúa, dixit) porque un buen día decidió sentarse en su lugar favorito para charlar con quien se acercara.

Yo lo hice. Y de allí surgió el reconocimiento, como buen discente que soy, a través de la Poesía.

¡Vaya! No supe a bien cuándo me vi envuelto en la Asunción de la realidad al leer “Oración por Marilyn Monroe”1 de Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925). Allí el poeta en efecto escribe una poesía que se entiende. Allí vemos a una mujer, frente al Señor, “sola como un astronauta frente a la noche espacial”.

El poeta de Solentiname aboga por ella y solicita su perdón y que, de paso, nos perdone —El Que Es y Será— a nosotros. De modo urgente también le pide: “(…) contesta Tú el teléfono”, en franca alusión a la llamada telefónica que pudo realizar Marilyn Monroe y no hizo. ¿Pero a quién?

Mejor acudamos al poema:


Oración por Marilyn Monroe


Señor

Recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de

Marilyn Monroe

aunque ese no era su verdadero nombre

(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a

los 9 años

y la empleadita de tienda que a los 16 años se había querido matar)

y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje

sin su Agente de Prensa

sin fotógrafos y sin firmar autógrafos

sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda ante una iglesia

(según cuenta el Time)

ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo

y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.

Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.

Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno

pero también algo más que eso…

Las cabezas son los admiradores, es claro

(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).

Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.

El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo

en el que está el Hijo del Hombre con látigo en la mano

expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox

que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Señor

en este mundo contaminado de pecados y radioactividad

Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.

Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.

Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).

Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos.

—El de nuestras propias vidas—. Y era un script absurdo.

Perdónala Señor y perdónanos a nosotros

por nuestra 20th Century

por esta Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.

Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.

Para la tristeza de no ser santos

se le recomendó el Psicoanálisis.

Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara

y el odio al maquillaje —insistiendo en maquillarse en cada escena—

y cómo se fue haciendo mayor el horror

y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda

soñó ser estrella de cine.

Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados

que cuando se abren los ojos

se descubre que fue bajo reflectores

y apagan los reflectores!

y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)

mientras el Director se aleja con su libreta

porque la escena ya fue tomada.

O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río,

la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor

vistos en la salita del apartamento miserable.

La película terminó sin el beso final.

La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.

Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.

Fue

como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga

y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.

O como alguien que herido por los gangsters

alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor

quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar

y no llamó (y tal vez no era nadie

o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles)

contesta Tú el teléfono!


* * *

Ahora bien, si la poesía exteriorista de Cardenal es más cercana a la prosa poética lo es también, aunque no deja de tener cierta influencia de Bob Dylan, la de Henry Charles Bukowski (Alemania 1920-1994 EE UU) quien se decía: “Soy el escritor que inyecta sangre y “belleza”.

De su interesantísimo trabajo recupero el poema “For Marilyn M.2”

Lo pongo en su lengua original y calce aparece la versión que hizo Roberto Castillo Udiarte a nuestra lengua.

El poema es una celebración que transita por la noche para llegar a la media noche y en un momento clave está inmerso en la profunda noche, pero viene, para fortuna de todos, la revelación del amanecer. O sea, el nuevo día. O también la resurrección de la muchacha (de Cardenal) o la niña para Bukowski. Veamos entonces:

For Marilyn M.

Slipping keely into brigth ashes,

target of vanilla tears

your sure body lit candles for men

on dark nigths,

and now your nigth is darker

than the candle’s reach

and we will forget you, somewath,

and as the worms pant for your bones,

I would so like to tell you

that this happens to bears an elephants

to tryants and heroes and ants

and frogs,

still, you brought us something,

some type of small victory,

and for thsi I say: good

an let us grieve no more;

like a flower dried and thrown away,

we forget, we remember,

we wait. child, child, child,

I raise my drink a full minute

and smile**.

**Para Marilyn M.“Vistiéndote de luminosas cenizas,/ tu cuerpo seguro,/ blanco de lágrimas de vainilla,/encendía cirios para hombres/ en noches oscuras,/ y ahora tu noche es más oscura/ que el alcance del cirio/ y te olvidaremos, un poco,/ y no es bueno,/ pues los cuerpos reales están más cerca/ y mientras los gusanos ansían tus huesos,/ quisiera decirte que/ esto mismo le sucede a osos y elefantes/ a tiranos y héroes y hormigas/ y ranas,// sin embargo algo nos entregaste,/ cierta clase de victoria menor/ y por eso digo: bien/ dejemos de lamentarnos,/ como una flor marchita y desechada,/ olvidamos, recordamos,/ esperamos: niña, niña, niña,/ levanto mi copa un minuto entero/ y sonrío.//”.

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* Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN)

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Notas

1 Ernesto Cardenal, La noche iluminada de palabras, Ediciones Nicarao, 1991, Octubre 1ª. Ed., Obras completas Tomo 1, “Oración por Marilyn Monroe y otros poemas”, pp. 185-186

2 Charles Bukowski, Soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre, Antología Poética, Laberinto, [1983] 2007, 2ª. Edición Bilingüe, Presentación y versión: Roberto Castillo Udiarte, “Itcatchesmyheart in itshands”, p. 18 y p. 102

  • Juan Carlos Porras
  • Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).
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