Mi guacamaya va con pico de gallo

Contraperiplos

Juan Casas Ávila

Juan Casas Ávila
Hidalgo /

En este país han pasado tantos modernizadores como presidentes hemos tenido. Cada presidente enarbola un nuevo discurso; además, se rodea de un equipo que cambiará las cosas para llevarnos, ahora sí, a la democracia plena. Quizá el más férreo de todos esos modernizadores sexenales fue el impresentable Carlos Salinas, por cierto, autoexiliado desde que arrancara este sexenio.

Si bien estas modernizaciones son más de forma que de fondo, se las han arreglado para agilizar el caos, para repartirse los despojos que sus antecesores perdonaron, más por falta de tiempo que de ganas. Para bien y para mal la nación se ha movido, es otra muy distinta de la que conocimos.

Sin embargo, algo que llama la atención sobremanera, es que esa parafernalia transformadora que acompaña a aquellos que llegan al poder, jamás voltea a mirar al ejército y éste no tiene problema con que así sea.

Da la impresión de que los presidentes tienen la peregrina creencia de que el ejército se va a transformar a sí mismo cuando lo crea necesario. Es probable que así sea, como también lo es que esa necesidad de cambio jamás aparezca. Es como un estado dentro de otro estado. Con sus propias reglas y sus propios usos. Yo incluso me atrevo a pensar que esa entidad en algún momento es más poderosa que el propio estado. Hay indicios que así nos lo hacen ver.

En suma, quizá nuestro ejército sea la institución ha cambiado menos en los últimos años, lo cual la vuelve sumamente vulnerable de ser penetrada por extraños. Así nos lo ha hecho ver la información que nos llega en torno al penoso papel que desempeñaron algunos miembros de las fuerzas armadas en la desaparición de los 43. O como ha sucedido con los autoproclamados hackers guacamayos en días recientes.

Tenemos aquí, ahora, los elementos necesarios para la tormenta perfecta. Para agregarle un pequeño ingrediente a todo este berenjenal, todo parece indicar que las fuerzas armadas se quedarán en las calles de nuestras ciudades por algunos años, haciendo lo que le correspondería a la policía. Hasta marzo de 2028, para ser precisos.

Dicen que ellos nos van a cuidar ¿y de ellos quién nos cuidará?

Twitter: @contraperiplos

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