Hasta siempre, Pollita

Ciudad de México /

Si con alguien crecí riéndome de muchas cosas fue al lado de mi hermana La Pollita, conocida cariñosamente así desde que dio sus primeros pasos. Llena de una facilidad peculiar para el baile, no dejaba de tararear “La noche de un día difícil” de Los Beatles. Le gustaban las películas de misterio. Su imaginación y sus ocurrencias se fueron percibiendo más a medida que los años pasaban.

Elevo ahora esto que escribo para ella.

Mi pollita murió el pasado día nueve de este mes de octubre de este año. Ya no alcanzó a desearme un “feliz cumpleaños” el ocho, como cada año lo hacía, porque su estado de salud era precario.

Horas interminables de anécdotas, de tomar café por las mañanas, días, semanas enteras visitando a los abuelos o a las tías.

Su nombre era María Esther pero nadie le llamaba así. Era, simplemente, Pollita, Polla, Pollina.

Una de las últimas veces que platiqué con ella, en el amplio comedor de la casa materna, le recordé cuando fuimos juntos (ella una adolescente y yo un niño) a un concierto de Jhonny Dynamo y Los Leos. De ese concierto no tengo una exacta fecha pero si el lugar, el cine Rex, en la plazuela de Tacuba, en Zacatecas. Entonces yo recreé la situación e inventé que se había desmayado al escuchar a Jhonny en el escenario. Se enojaba y a la tercera o cuarta vez que yo se lo decía, ella sólo atinaba a expresar un “sí, hombre, sí, hombre, así fue pues”.

Nunca una agria discusión, sí momentos tensos por “babosadas” como solía referirse a las diferencias pequeñas que entre nosotros de repente (involuntarias) se hacían notar. Nada más, nada del otro mundo. “Éramos buenos hermanos, como dicen”, como lo escribe Alejandro Aura para su hermano mayor.

Nos ha dejado tristes pero tranquilos. Si de verdad hay otra vida después de la vida, Pollita estará dando, otra vez, sus primeros pasos, riéndose de todo, riéndose de aquel señor de ojos pequeños a quien le gritaba “adiós, ojitos”, para luego esconderse en la esquina próxima.

Yo bajo las escaleras de granito y espero verla en la mesa contándoles divertidas anécdotas a sus hijos. A quienes la conocimos bien y estuvimos cerca de ella nos duele tanto su partida... Pero sé que ella está bien ahora que comienza a vivir su eternidad. Hasta siempre, Pollita, desde aquí te miramos en cada recuerdo, en cada objeto que has dejado. Hasta siempre y hasta muy pronto, mi Pollita.

@coleoptero55

  • Juan Gerardo Sampedro
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