¿Y los militares?

Ciudad de México /

Hace dos años, en una conferencia donde fui invitado, me preguntaron, sobre cuál sería el peor estado de la relación civil-militar en México.

Mi respuesta fue inmediata: “el peor estado será cuando los civiles exijan a los militares que cumplan tareas que corresponden a otras instituciones”. Ese momento sería de grandes consecuencias para el país, ya que significará que a partir de ahí el valor del sacrificio y entrega militar hacia los civiles perderá su esencia. La pérdida de confianza, aceptación y necesidad de convivencia, en un excesivo ejercicio de imaginación -que no está de más hacerlo-, significará también que la esencia militar frenó su permanente tarea de ir adelante de las necesidades sociales e institucionales de México, para poder enfrentarlas y, en su caso, resolverlas.

Los civiles deberán comprender que los militares no son culpables o responsables de todo; es decir, para que mejoren las condiciones de vida de los mexicanos, no depende únicamente de los militares.

Desde hace por lo menos 40 años, la relación civil-militar ha alcanzado un estado tan positivo como productivo, debido justamente a que los militares han sabido transmitir el mensaje de que, a pesar de estar al mando de un civil, primero está el interés y la legalidad del ciudadano, del país y de sus instituciones. Llama mucho la atención de que aun y con las críticas y señalamientos actuales, los civiles no cuestionan el actuar de los militares en tareas que, como dicen algunos, no les corresponden.

Los civiles comprenden la necesidad que tienen de los militares y viceversa; sin embargo, el horizonte de la conformidad y apatía por parte de algunas instituciones civiles, por no hacer nada por la gente, es cada vez más cercano y real.

En la gran mayoría de los países, los militares son el último recurso para emplear en la resolución de conflictos o de obstáculos que minan el desarrollo. En la gran mayoría de esos ejemplos, los civiles ascienden a un nuevo estado, donde predominan, de entrada, el orden, la disciplina y la legalidad; todo lo anterior con la finalidad de que los militares regresen a su reducto para seguir profesionalizándose y modernizándose para cuando su patria los necesite.

Los militares de tierra, mar y aire en México, así como los Guardias Nacionales, se encuentran inmersos en fortalecer las instituciones nacionales. Ojalá que quienes están y estén al frente de ellas, den cuenta de la importancia de encontrar la manera más rápida de ser eficientes con quienes sirven; pensar que prefieran que los militares sigan siendo quienes resuelven, en vez de los civiles, sería un acto de displicencia que solamente los reducirá y los marcará.

Por lo pronto, los militares de tierra, mar y aire siguen protegiendo y defendiendo el territorio nacional. Siguen fortaleciendo la seguridad pública, aun y a pesar de la poca cooperación policial municipal y estatal. Siguen socorriendo a la gente en casos de desastre.

Siguen enfrentando la pandemia con todos sus recursos. Siguen rescatando náufragos en alta mar; siguen protegiendo especies en peligro de extinción.

Siguen representando militar y navalmente a México en el mundo. Siguen teniendo presencia y cooperación en muchos sentidos con otros ejércitos y armadas extranjeras.

Siguen apoyando a la entrega de libros de texto. Siguen otorgando campañas de salud, reforestación, educativas, deportivas, culturales y de desarrollo urbano.

Siguen protegiendo instalaciones estratégicas del país.

Siguen, siguen y siguen.

Juan Ibarrola C.

jibarrolas@hotmail.com

@elibarrola

www.cadenademando.com

  • Juan Ibarrola
  • j.ibarrola@cadenademando.com
  • "Columnista de seguridad y Fuerzas Armadas. Creador de @CadenaDeMando, colaborador @Milenio. Todos los sábados y lunes a las 18:00 hrs @mileniotv"
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