En diez días se movió el tablero

Laguna /
Únete al canal de Milenio

En política, diez días pueden ser suficientes para modificar escenarios que parecían consolidados. A medida que se acercan las elecciones de 2027, los movimientos de los actores políticos comienzan a revelar que las alianzas, los liderazgos y las fortalezas electorales son mucho más frágiles de lo que aparentan.

Dos acontecimientos recientes permiten observarlo: el debilitamiento político de Maru Campos en Chihuahua y las protestas contra Pablo Lemus en Jalisco.

Aunque se trata de episodios distintos, ambos tienen un elemento en común: podrían alterar los equilibrios de poder en dos entidades estratégicas para la oposición.

En Chihuahua, Maru Campos había comenzado a generar expectativas más allá de las fronteras de su estado. La controversia relacionada con la CIA colocó su nombre en la conversación política nacional y propició un movimiento de respaldo a su alrededor.

Sin embargo, la detención de quien fuera su fiscal y, particularmente, el respaldo público que expresó a su detención, parecen haber desinflado ese impulso.

La paradoja es interesante. Mientras la gobernadora busca construir una relación institucional con el Gobierno federal, algunos sectores de su propio partido interpretan ese acercamiento como una claudicación política.

Incluso hay quienes la llaman traidora. Es una muestra de las contradicciones que enfrenta una oposición que todavía no consigue definir si su estrategia debe ser la confrontación permanente o la negociación con el poder.

En Jalisco ocurre algo diferente. Movimiento Ciudadano había conseguido construir una identidad política propia, particularmente en Guadalajara y su zona metropolitana. Durante años, ese territorio se convirtió en uno de sus principales activos electorales y en la demostración de que era posible competir fuera de la polarización entre Morena y los partidos tradicionales.

Sin embargo, las protestas contra el gobernador Pablo Lemus evidencian un desgaste que podría tener consecuencias electorales. El descontento ciudadano no significa necesariamente una transferencia automática de votos, pero sí abre una oportunidad para que otras fuerzas políticas disputen un territorio que parecía relativamente asegurado.

La diferencia entre ambos acontecimientos es relevante. En Chihuahua, Claudia Sheinbaum aparece como una protagonista directa de la reconfiguración política. En Jalisco, en cambio, la posibilidad de obtener beneficios electorales dependerá de la capacidad de Morena para transformar el malestar social en una alternativa política creíble.

Y ahí está precisamente uno de los grandes desafíos del partido gobernante: comprender que el debilitamiento de sus adversarios no equivale, por sí mismo, al fortalecimiento de su propia propuesta.

Las elecciones de 2027 no solamente pondrán a prueba la popularidad presidencial. También medirán la capacidad de los partidos para construir liderazgos locales, administrar sus contradicciones y responder a las exigencias ciudadanas.

Por ahora, dos movimientos en apenas diez días nos recuerdan una regla elemental de la política: ningún bastión es inexpugnable y ningún liderazgo puede darse por consolidado.

El tablero comienza a moverse, pero todavía está por verse quién sabrá aprovecharlo.

  • Juan José Rojas Torres

LAS MÁS VISTAS

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite