La peculiar comodidad de vivir enjaulado

  • Columna de Juan María Naveja Diebold
  • Juan María Naveja Diebold

Ciudad de México /
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La mayoría de los humanos en la historia han vivido bajo alguna forma de opresión oligárquica. Aún en especies menos desarrolladas de primates, como los gorilas o los mandriles, existe el instinto de colonizar, y la jerarquía en sus grupos sociales premia a los individuos más poderosos.

Una de las muchas cosas que nos hace especiales como homosapiens es nuestra capacidad de ir más allá de nuestros instintos de supervivencia y avaricia, pero lejos de ser un dote universal para la humanidad, es una batalla constante. 

Nadie aceptaría una servidumbre opresiva presentada transparentemente, pero para quienes nacen bajo el control de otro o para los que han vivido circunstancias perceptivamente peores que los demás a su alrededor, las cadenas ofrecen el refugio y comodidad de una vieja franela.

La 4T es un movimiento autoritario porque busca callar a su crítica

Después de todo, es más fácil vivir sin la responsabilidad de nuestro destino. El sufrimiento que soporto y el que causo es culpa de alguien más. Por eso los conceptos de religión y nación son tan populares entre las masas, es la voluntad de Dios, y soy parte de mi entorno, no su escultor. También, son los vehículos perfectos para obtener y mantener el poder. Las personas hacemos lo que sea por justificar nuestra existencia, creer en un destino prefabricado es mucho más acogedor que crear nuestro destino.

Nos hemos acostumbrado a catalogar nuestro sistema de creencias en izquierda y derecha, socialista y capitalista, liberal y conservador; y estadísticamente parece cuadrar.

Quien está a favor de más progreso social tiende a creer que el capital debe ser distribuido más uniformemente y está emocionado de vivir cambios en el mundo; a quien no le gustan los cambios que ha pasado el mundo en su vida, por lo general culpa a transformaciones sociales que le disgustan por dichos cambios y cree que el capital fluye a quien lo merece.

La clasificación no es perfecta, a pesar de ser bastante certera, uno de los muchos problemas que tiene es que ofusca el autoritarismo, la descripción organizacional de ese feo instinto de colonizar y dominar al prójimo.

La 4T es un movimiento autoritario porque busca callar a su crítica y niega cualquier evidencia de sus fallas; si no estás ciegamente a favor, estás en su contra. Puede ser confuso llamarle autoritario porque clama ser de izquierda, pero China se clama comunista y también es autoritaria; la Unión Soviética fue autoritaria desde el Terror Rojo – ni un año duró el idealismo Bolshevik–. El autoritarismo no es exclusivo de movimientos conservadores, el cambio a la fuerza es igual de opresivo que la protección a la fuerza.

Sus críticos llevamos 15 años buscando argumentos para convencer a los seguidores de AMLO ¡Viva Andrés Manuel I! ¡Viva! Que, aunque los problemas que señala son reales, no tiene las soluciones.

Hemos fracasado, en gran parte porque seguimos menospreciando a sus seguidores. Pensé en un argumento que no he escuchado antes y que con tres años en el poder puede empezar a persuadir a quienes le siguen fieles. La clase política, de todos los partidos, pone a su interés personal por encima del bienestar del país, eso es indiscutible, la diferencia es que Morena, si le damos al movimiento suficiente tiempo y dinero, va a destruir a México. 

Juan María Naveja 

juanmaria7@gmail.com


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