La idea materialista del hombre lo degrada

León /

De mis ex-alumnos de la Libre de Derecho destacan, por número de libros publicados, José Manuel Villalpando (45), y Gerardo Laveaga (más de 10). Éste recién publicó “Leyes, Neuronas y Hormonas” (2021): reta al realismo crítico; a idea de dignidad ontológica y moral del ser humano; al derecho humano de auto-realización, y a la norma de conducta exigible para el bien común. Recicla viejas tesis de Leucipo y Demócrito: solo existe la materia (átomos). Tesis que en el siglo XIX desarrollaron el biologismo y colectivistas. Intenta responder su falso dilema: “¿Cuál será el futuro del Derecho ahora que las ciencias confirman que somos máquinas biológicas y que nuestra conducta no obedece a las leyes sino a nuestras neuronas y hormonas?”.Usted, lector: ¿se detiene en un alto, o decide tener un hijo, solo por sus hormonas y neuronas?¿Paga alimentos o impuestos, solo por atender su biología, sin importar la ley o la moral?El libro es acuciosoen la parte neurobiológica. Platón y Aristóteles demostraron que cada persona es: “un microcosmos”, “una síntesis del Universo”. Un “animal racional y social”. Una “unidad bio-psico-social”. Nunca negaron lo biológico, y constataron otros datos no materiales. De entrada, Laveaga olvida la naturaleza de esas leyes físicas y matemáticas¡ las que no son materia! Están fuera del tiempo y del espacio, son universales, eternas, necesarias, rigen al mundo: 2 y 2 son 4 eternamente. Las leyes de Newton: ¿alguien las ha visto, medido o pesado? Y no dependen de nuestro pensamiento. Igual, encontramos en el hombre algo único que se llama el espíritu, y que es parte del mundo. Las fórmulas de estas leyes de la naturaleza se dan en nuestro espíritu, pero poseen un fundamento en las cosas, y por ello rigen en el mundo.

Laveaga ve los datos de nuestra evolución desde estructuras neuronales, homeostasis, metabolismo, y nada más. “Todos somos máquinas de supervivencia para el mismo tipo de replicador, las moléculas ADN”. Saber que en el lóbulo frontal del cerebro se genera memoria de corto plazo, y en el hipocampo otra a largo plazo ¿nos hará cambiar idea del Hombre y del Derecho? Al hablar de la genética del comportamiento afirma que se “ha abierto la puerta para recomponer el ADN y suprimir datos indeseables en una persona… Lo que somos y lo que hacemos está contenido en el material genético que nos transmiten nuestros padres…esto incluye personalidad, carácter, temperamento y otros términos que solían reservar al estudio psicológico”. ¡El temperamento es heredable; el carácter no, cada quien lo hace!

Laveaga reconoce a Aristóteles “dotar al Derecho de vida propia”, al distinguir entre impulsos o apetitos animales y la elección de los seres libres. Pero luego afirma: “El problema de la intentona iusnaturalista para legitimar la ley fue que no quedaba claro qué era “lo natural”: no lo estudió bien. La neurociencia dice que todo pensamiento y sentimiento tiene origen en el cerebro, “carne que piensa”. Desde Leibnitz se rebate la visión materialista al observar el cerebro: se ven movimientos de distintos cuerpos pero nunca un pensamiento: ¡éste implica ideas, imágenes y conceptos que no se ven, no son materia! Luego el contenido del pensar es algo distinto a los movimientos de los cuerpos, pero se dan en éstos. Somos un todo con funciones físicas, vegetativas, animales, y también espirituales.

Cuestiona se necesiten las leyes humanas. Se equivoca al exigir que “la Constitución y la ley puedan explicar de manera absoluta lo que hacemos y dejamos de hacer”. Eso no le toca a las ciencias normativas. También al considerar solo el dualismo cartesiano de un cuerpo y un alma separados: en realidad somos cuerpos espiritualizados. Y la libertad -que él niega exista-, por supuesto es la de ese todo, no solo de una de sus partes. Y al final acaba por negar también la responsabilidad, por no aceptar la condición de la libertad. Biologismo, materialismo, positivismo, colectivismo, son doctrinas que degradan al ser humano, al dejarlo sujeto a fuerzas naturales, sin origen ni destino propios.

Juan Miguel Alcántara

  • Juan Miguel Alcántara Soria
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