Ante la reciente ola de noticias negativas en nuestro país, parecería lógico pensar que el peso tendría que haberse debilitado. Sin embargo, al menos hasta ahora, ocurre exactamente lo contrario.
Y es que si revisamos casi cualquier indicador macroeconómico, las noticias no son particularmente positivas.
La inflación en México continúa por encima del objetivo de Banco de México y actualmente supera 4 por ciento anual. Si hablamos de crecimiento económico, el panorama tampoco entusiasma demasiado: la economía apenas crece y las mejores proyecciones para 2026 rondan entre 1 y 1.5 por ciento.
Las finanzas públicas tampoco muestran una trayectoria cómoda. La deuda del país continúa aumentando año tras año y, justo por ello, la semana pasada Moody’s ajustó la perspectiva crediticia de México y volvió a presionar las calificaciones de Pemex y varias instituciones financieras mexicanas. En el caso de Pemex, la calificación ya se encuentra muy cerca de perder el grado de inversión.
Cualquiera de estas noticias, de manera aislada, normalmente habría generado presión sobre el tipo de cambio. Pero ni juntas, ni acompañadas de los recientes recortes de tasa de Banxico, han logrado debilitar el peso.
¿Es raro? Muchísimo. Entonces, ¿por qué no se mueve el dólar? Primero, porque hoy el problema no es un peso particularmente fuerte, sino un dólar más débil. Y a Estados Unidos tampoco le incomoda del todo esa situación: un dólar menos fuerte le ayuda a ser más competitivo, abaratar exportaciones y aliviar parte de sus desequilibrios comerciales.
En México ocurre lo contrario. La entrada de dólares sigue siendo muy elevada gracias a remesas, exportaciones y operaciones financieras donde inversionistas aprovechan las altas tasas locales para después regresar a su moneda original: el famoso carry trade.
Eso ha mantenido al peso resistente, pero, hacia adelante, los fundamentales de México no necesariamente respaldan un peso tan fuerte de manera permanente. La gran pregunta es cuánto tiempo más durará la debilidad global del dólar.
Porque tarde o temprano el tipo de cambio tenderá a acercarse de nuevo a niveles más cercanos a equilibrio. Y más allá de ciclos o coyunturas, el dólar seguirá siendo, por mucho tiempo, la principal moneda de referencia global.
Al final, hoy pesa más la debilidad del dólar… que la debilidad estructural de México.