Ahora la tecnología va por profesionistas

Ciudad de México /

Durante décadas, los avances tecnológicos tuvieron como principales víctimas a los trabajadores manuales: obreros, operadores industriales, técnicos, campesinos. La Revolución Industrial primero y la automatización después sustituyeron manos por máquinas. Las líneas de ensamblaje, los procesos industriales y la robotización expulsaron a millones de trabajadores con baja escolaridad del mercado laboral.

Mientras tanto, los profesionistas parecían intocables. Abogados, contadores, médicos, programadores, analistas financieros, académicos, psicólogos, radiólogos. La tecnología asistía el trabajo intelectual, mas no lo reemplazaba… hasta ahora.

La inteligencia artificial (IA) ha venido a romper esa lógica histórica. Por primera vez, la vulnerabilidad tecnológica se ha “democratizado”. Lo que antes era una amenaza casi exclusiva para los obreros hoy alcanza de lleno a los profesionistas. La IA ya realiza funciones que durante décadas fueron desempeñadas por las élites educativas: analizar contratos legales, preparar estados financieros, interpretar estudios médicos, hacer diagnósticos clínicos, programar software, redactar reportes, investigar, sintetizar información. Y cada vez lo hace mejor. 

Los modelos generativos tienen acceso a prácticamente todo el conocimiento escrito sobre enfermedades, derecho, finanzas o programación, y la capacidad de aplicarlo a casos concretos. Hoy un chatbot puede revisar miles de expedientes legales en segundos. Puede, asimismo, detectar patrones contables, sugerir diagnósticos médicos o escribir código funcional usando solo lenguaje natural. Basta con saber pedir bien las cosas. Y por realizar todo esto la IA no pide sueldo ni prestaciones; tampoco se enferma ni requiere vacaciones. 

La paradoja es reveladora. Los trabajadores que históricamente cargaron con el costo del progreso (los menos educados, los peor pagados) empiezan a estar relativamente mejor protegidos. Enfermeras, plomeros, electricistas, cocineros, cuidadores, técnicos de mantenimiento: todos son oficios físicos, presenciales, difíciles de automatizar. En esta nueva ola tecnológica, por lo menos por ahora, son más resistentes que muchos trabajos universitarios.

Estoy seguro de que ahora que están del lado afectado, muchos trabajadores de élite están reconsiderando su postura frente al desplazamiento de los obreros. Era fácil decir “que se reinventen” cuando su propio trabajo no estaba en riesgo. Hoy esos mismos argumentos suenan distinto cuando ChatGPT, Claude o los nuevos modelos de IA amenazan profesiones de prestigio, estatus y altos ingresos.

Por primera vez en la historia moderna, la disrupción tecnológica afectará más a la oficina que a la fábrica; más a los educados que a los menos calificados. Quienes van a sentir en carne propia lo que durante décadas padecieron los obreros serán los profesionistas. Ahora la mente está siendo sustituida por el algoritmo. Las consecuencias de esta nueva realidad serán profundas.


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