A siete años de la cancelación del aeropuerto de Texcoco y cuatro de la apertura del AIFA, el problema aeroportuario del Valle de México sigue sin resolverse. El AICM acaba de perder el título de aeropuerto más importante de América Latina, superado por el de Bogotá. No es casualidad. Mientras que otros complejos de la región han crecido, el AICM ha retrocedido: pasó de transportar 50.3 millones de pasajeros en 2019 a 44.5 millones en 2025.
Esto no sería tan grave si el AIFA hubiera compensado esa caída y elevado el total de pasajeros del Valle de México, como se anticipaba. No fue el caso. En 2025, el AIFA movió apenas 7 millones de pasajeros. Sumados a los del AICM, el total fue de 51.5 millones: casi lo mismo que el AICM transportaba por sí solo en 2019.
El contraste internacional es notable. El aeropuerto de Estambul, cuya construcción inició al mismo tiempo que la de Texcoco y que sí se terminó, pasó de 52.6 millones de pasajeros en 2019 a 84 millones en 2025, un alza de 60%.
El problema tampoco es una falta de demanda en México. Otros aeropuertos del país crecieron a doble dígito en el mismo periodo; Monterrey, por ejemplo, casi 40%. El costo de oportunidad de esta limitación es enorme: millones de turistas e inversionistas que no llegan, recursos que se pierden y empleos que no se generan.
Hay que reconocer que el gobierno de Sheinbaum ha intentado reaccionar. Está remodelando el AICM de cara al Mundial y piensa inaugurar pronto el tren que conecta al AIFA. Son pasos positivos, pero insuficientes frente al tamaño del problema.
La semana pasada, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) organizó un primer diálogo técnico y apolítico sobre los servicios aeroportuarios de CdMx. No se trató de reabrir el debate sobre Texcoco (ese episodio ya fue analizado con profundidad por el CEEY en un documental de cuatro capítulos que está disponible en YouTube), sino de evaluar, con distancia, la situación actual y las perspectivas de mediano y largo plazos.
Una de las conclusiones centrales fue que el principal cuello de botella de la actual configuración no está en la tierra, sino en el aire. El complejo espacio aéreo del Valle de México, rodeado de montañas, limita la operación simultánea de dos aeropuertos. Puede haber capacidad en pista y terminales, pero las restricciones del cielo impiden que se aproveche al máximo.
El AIFA es un buen aeropuerto, pero no es un hub. Funciona como aeropuerto regional, interfiere con las operaciones del AICM y está lejos de los principales centros de demanda. El llamado “sistema” aeroportuario (que en realidad es un solo hub y dos terminales secundarias) no alcanzará para satisfacer la demanda futura.
Se puede exprimir un poco más lo que existe en el corto plazo. Pero el mensaje de fondo es claro: tras décadas de debate y proyectos inconclusos, el problema aeroportuario del Valle de México sigue abierto y solo se resolverá con la construcción de un gran hub.