Bienvenida la nueva banca en México

Ciudad de México /
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Parece ser que ahora sí va en serio. Después de años de jugar un papel secundario, los neobancos por fin cuentan con el tamaño, el capital y la estructura necesarios para competirle a la banca tradicional. La banca mexicana está entrando en una nueva etapa, con beneficios potenciales considerables para los ahorradores, las empresas y la economía. Bienvenida la competencia. 

Durante décadas, unos cuantos bancos han dominado el sector y hoy concentran más de la mitad de los activos del sistema. Este modelo ha ayudado a construir un sistema sólido y bien capitalizado (y a generar borbotones de utilidades), pero también ha generado problemas. México es uno de los países con menor penetración de servicios financieros y de crédito entre las principales economías emergentes. 

Esta realidad empieza a cambiar. El líder de la nueva generación de competidores es Nubank. Comenzó como un proveedor de tarjetas digitales y se ha convertido en un gigante financiero con más de 15 millones de clientes en México. Con la licencia bancaria que acaba de obtener, ofrecerá más productos (como créditos de nómina) y una mayor protección a los depósitos de sus clientes. Su músculo financiero es indiscutible. Cuenta con un valor de mercado cercano a 70 mil millones de dólares y piensa invertir 4 mil 200 millones de dólares adicionales en México durante los próximos años. 

Detrás viene Mercado Pago. Respaldado por Mercado Libre (la empresa más valiosa de América Latina, con una capitalización bursátil superior a 90 mil millones de dólares), está a punto de obtener su licencia bancaria. Mercado Libre anunció inversiones por 4 mil 600 millones de dólares este año en México, una parte importante sin duda destinada a su brazo financiero. Para poner en perspectiva el tamaño de estos dos gigantes, basta notar que Banorte, el banco mexicano más valioso, tiene un valor de mercado de “apenas” 30 mil millones de dólares. 

Les siguen una camada de poderosos jugadores como Revolut, Plata y competidores nacionales como Klar, Konfío, Clip y Albo, que están transformando distintos segmentos del sistema financiero. Ya no sólo compiten en tarjetas de crédito, están construyendo bancos integrados, con cuentas de ahorro, inversiones, créditos personales y empresariales, nómina, pagos y transferencias. Todo desde plataformas digitales que operan sin la pesada infraestructura de sucursales que caracteriza a la banca tradicional. Esa diferencia tecnológica y la libertad de no tener que proteger un negocio establecido les permiten ser más ágiles y, en muchos casos, pagar tasas más atractivas a los ahorradores. 

Además, ni siquiera necesitan arrebatarles clientes a los bancos tradicionales para crecer. México sigue siendo un país poco bancarizado. Una mayor inclusión financiera no sólo beneficia a los excluidos, también impulsa la productividad y detona una mayor movilidad social. 

Empieza una nueva era para la banca en México. Recibámosla con los brazos abiertos.


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