La lección equivocada del Tren Maya

Ciudad de México /
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Para variar, la Presidenta volvió a criticar la participación privada en sectores estratégicos de la economía. En esta ocasión fue el turno de los ferrocarriles. Según Sheinbaum, el sistema funcionaba de maravilla hasta que Zedillo lo privatizó en los años noventa. Habiendo aprendido la lección, ahora le toca al Estado encabezar el renacimiento de los trenes de pasajeros. El problema con esta narrativa es que choca con los hechos.

La idea de que, por definición, el gobierno es mejor administrador que los privados me parece equivocada. Si fuera el caso, Pemex estaría pasando por una etapa dorada, en lugar de necesitar miles de millones de pesos al año para mantenerse a flote. Pero ni siquiera hay necesidad de salir del sector ferroviario para refutar esta postura. Ahí está el Tren Maya. 

Es cierto que la privatización de los ferrocarriles casi acabó con el transporte de pasajeros. Pero esto se debió sobre todo a razones económicas. Tras la entrada en vigor del TLC, la demanda por transportar mercancías hacia y desde Estados Unidos creció significativamente. Esto provocó que los concesionarios concentraran sus inversiones en el transporte de carga, que es donde estaba la mayor rentabilidad.

López Obrador decidió devolverle al Estado el protagonismo con el Tren Maya. Los resultados han sido, por decirlo de manera amable, decepcionantes. El proyecto terminó costando más de cuatro veces los 120 mil millones de pesos presupuestados originalmente. La planeación de la ruta fue deficiente: varias estaciones se ubicaron lejos de los principales centros urbanos. El daño ambiental, aunque inevitable en proyectos de esta magnitud, fue mayor al necesario por falta de planeación. Y al final, el número de pasajeros quedó muy por debajo de los 8 mil 200 diarios que el gobierno proyectó. 

Por eso me sorprende que para la Presidenta la lección del Tren Maya sea que el Estado debe asumir un papel todavía más protagónico en el desarrollo ferroviario. 

No estoy en contra de un ambicioso proyecto nacional de trenes de pasajeros. Al contrario. Hay corredores donde tienen todo el sentido económico. El Insurgente, que conecta a CdMx con Toluca, es un buen ejemplo. Une dos grandes zonas metropolitanas, reduce tiempos de traslado, amplía las oportunidades laborales y disminuye la congestión vial. Es el tipo de infraestructura que eleva la productividad de una región.

Sheinbaum planea construir más de 3 mil kilómetros de nuevas vías durante su sexenio y todo indica que la planeación es mucho más sólida que la del Tren Maya (no era difícil). Y pese a la retórica, también parece estar más dispuesta que su antecesor a recibir inversión privada. Qué bueno. En contra de lo que suele transmitir en su discurso, ni la iniciativa privada es siempre abusiva ni el Estado es siempre un buen administrador. Si algo muestra la experiencia es lo contrario. Ojalá que lo reconozca antes de que tengamos otro Tren Maya que lamentar.


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