M+.- Reducir la pobreza de manera drástica ha sido, sin duda, uno de los mayores logros de la Cuarta Transformación. Entre 2018 y 2024, pasó de 41.9 a 29.6 por ciento de la población, según el Inegi. En términos absolutos, 13.4 millones de mexicanos salieron de esta condición. Es un avance contundente que hay que reconocer sin reservas.
Sin embargo, es importante ponerlo en un contexto histórico. ¿Es este un fenómeno nuevo o parte de una tendencia más larga? ¿Qué políticas han funcionado a lo largo del tiempo y cuáles no? Responder estas preguntas no ha sido fácil, en gran parte porque la forma de medir la pobreza ha cambiado con el tiempo y hay periodos enteros sin datos confiables.
Gracias a Gonzalo Hernández Licona, director del Observatorio Social del CEEY, y Raymundo Campos Vázquez, director del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México, hoy es posible analizar la evolución de la pobreza desde 1950 con una metodología que permite comparar los datos de manera consistente. Sus resultados, presentados la semana pasada en el documento 75 años de pobreza en México: lecciones y retos para la movilidad social y la igualdad de oportunidades (disponible en ceey.org.mx), no buscan asignar culpas ni asumir postura política. Buscan aprender de la historia. Identificar qué funcionó, sin importar qué partido gobernaba, y por qué.
La primera conclusión es que la pobreza en México ha tenido una tendencia clara a la baja en los últimos 75 años. En 1950 cerca de 90 por ciento de la población vivía en pobreza. Para 1982 se redujo a casi 50 por ciento, impulsada por una combinación virtuosa de crecimiento económico, inversión en educación y salud y estabilidad macroeconómica.
Después vino un largo estancamiento. La falta de disciplina fiscal y las crisis recurrentes frenaron el avance. La crisis de 1994 disparó la pobreza a 69 por ciento y evidenció la fragilidad de la protección social. La pobreza volvió a caer cerca de 26 por ciento a partir de 1996, impulsada por el regreso al crecimiento, la apertura comercial y programas sociales como Progresa.
El péndulo volvió a moverse hacia 2005. La pobreza repuntó, detonada por la crisis financiera global, salarios rezagados y una protección social insuficiente. La caída más reciente arranca desde 2014 (antes de la 4T) apoyada en un mercado laboral más dinámico, y se acelera con la llegada de López Obrador con el aumento al salario mínimo y la expansión de los programas sociales (con el bache de la pandemia).
El balance es positivo, pero incompleto. La pobreza ha disminuido, aunque queda mucho camino por recorrer. La movilidad social, en cambio, sigue siendo profundamente limitada. Como lo ha documentado el CEEY durante años, en México, nacer pobre sigue siendo, en gran medida, una condena. México lleva 75 años sacando gente de la pobreza. Lo que no ha logrado es que esa gente llegue tan lejos como su talento puede llevarla.