Venezuela: malas noticias para Pemex

Ciudad de México /

Más allá de si la intervención de Estados Unidos en Venezuela estuvo justificada o no, sus consecuencias geopolíticas serán profundas. Aquí me interesa concentrarme en sus secuelas económicas en México y en particular en Pemex.

De entrada, el impacto sobre los precios internacionales del petróleo parece que será limitado, al menos en el corto plazo. Venezuela es un actor marginal: el año pasado produjo apenas 900 mil barriles diarios, menos de 1% del suministro mundial. Aun en el escenario más optimista, pasarán años antes de que se acerque a los 3 millones de barriles diarios que exportaba hace un par de décadas (si es que alguna vez lo logra).

Sin embargo, otras consecuencias pueden sentirse casi de inmediato en México. La más relevante es una posible caída de la inversión extranjera en el sector energético. Si, como afirmó Trump, las grandes petroleras estadunidenses asumen un papel central en la reconstrucción de la industria venezolana (la cual requerirá inversiones superiores a 100 mil millones de dólares), habrá menos capital disponible para México, justo cuando el gobierno empieza a abrir el sector petrolero. El atractivo de Venezuela es evidente: posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, incluso por encima de Arabia Saudita, y la participación directa de EU puede aumentar la confianza de los inversionistas.

A esto se suma un segundo riesgo: una reducción en las exportaciones mexicanas de crudo. Estados Unidos es, por mucho, el principal comprador de petróleo mexicano. Tan solo en octubre del año pasado le vendimos poco más de 500 mil barriles diarios. Sin embargo, Trump anunció hace unos días que Venezuela le enviará hasta 50 millones de barriles, lo que inevitablemente afectará la demanda por el crudo mexicano.

Todo esto debilitará a Pemex en el peor momento posible. La empresa ha sido un lastre para las finanzas públicas durante años y hoy necesita más inversión, tecnología y acceso a mercados, no menos. Lo último que le conviene es que el capital y el conocimiento técnico se desvíen a otro país y que su principal cliente encuentre fuentes alternativas de crudo más baratas.

Por si fuera poco, Pemex puede enfrentar un competidor fortalecido en su propio vecindario. Pdvsa, la petrolera estatal venezolana que por décadas se deterioró bajo los regímenes de Chávez y Maduro, es probable que reciba inversiones significativas y mejore su productividad con el respaldo de EU. El mercado ya está apostando por ese escenario: los bonos de Pdvsa se han duplicado en las últimas semanas.

A esto se suma la fricción que pueden generar las exportaciones de petróleo de México a Cuba, en un contexto en el que lo que pasó en Venezuela demuestra que EU está dispuesto a reordenar por la fuerza el tablero geopolítico cuando sus intereses están en juego. Veremos si México está preparado para enfrentar este nuevo escenario y si esta postura afectará la crucial renegociación del T-MEC que se avecina.


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