En un país donde con frecuencia abundan las malas noticias, hay historias que obligan a hacer una pausa y reconocer lo que sí funciona, lo que sí vale y lo que sí nos representa. La labor de los rescatistas de Jalisco en la mina Santa Fe, en Sinaloa, es una de ellas.
Ahí estuvieron, lejos de casa, enfrentando condiciones extremas, apostándole a la vida. Entre ellos, dos nombres que sintetizan el profesionalismo y la vocación de servicio, presentes en el programa “Cambios” de Canal 6: José Manuel Martínez Murillo, primer comandante regional y líder del equipo USAR de Protección Civil Jalisco, y Tonatiuh Rojas Martínez, oficial operativo médico. Pero no estuvieron solos: fueron parte de un grupo de 40 rescatistas jaliscienses y dos binomios caninos que se sumaron a un esfuerzo nacional.
Fueron las explosiones del 22 de abril de 1992 lo que guió a José Manuel, entonces ciudadano voluntario, a dedicarse a salvar vidas.
El objetivo era claro y profundamente humano: rescatar con vida a Francisco Zapata Nájera, de 42 años y recuperar el cuerpo de Abraham Aguilera.
Vale la pena subrayarlo: participaron equipos de distintos estados del país y autoridades federales. Fue un trabajo conjunto que demuestra que cuando hay organización, preparación y voluntad, México puede responder a la altura de cualquier emergencia.
El equipo USAR de Jalisco no es improvisado. Tiene historia. Ha participado en rescates a nivel local, estatal, nacional e incluso internacional. Su capacitación es prueba de que la protección civil no es un discurso, es una responsabilidad.
Lo ocurrido en Sinaloa confirma algo que a veces olvidamos: los grandes resultados no son producto de la casualidad, sino del trabajo en equipo. De la suma de esfuerzos bien dirigidos. De la confianza entre instituciones y personas que saben lo que hacen.
Hoy, estos rescatistas no buscan reflectores. Pero los merecen. Son orgullo de Jalisco. Son ejemplo de lo que se puede lograr cuando el compromiso supera cualquier obstáculo.
Historias como esta no deben pasar de largo. Deben contarse, reconocerse y, sobre todo, honrarse. Porque en medio de la adversidad, hay mexicanos que no dudan en ir hacia el riesgo para salvar a otros. Y eso, sin duda, es digno de un homenaje.