Panorama desalentador

  • ¡Ahí Les Voy!
  • Leonardo Schwebel

Jalisco /

En Jalisco ya no sabemos qué aparece más rápido: si un nuevo fraccionamiento… o una nueva fosa.

Ixtlahuacán de los Membrillos y Tlajomulco vuelven a exhibir una realidad que el discurso oficial intenta maquillar: la crisis de desapariciones no solo sigue, se expande. Cada hallazgo no es una cifra, es una historia interrumpida. Y mientras tanto, la autoridad administra tragedias.

Aquí no se trata de que “ya investigan”. Se trata de que el problema no deja de crecer.

Y la vida diaria tampoco ayuda. En la Zona Metropolitana de Guadalajara moverse es una prueba de resistencia. El transporte público es un abuso tolerado: aumentos sin solución, unidades en mal estado, rutas deficientes… y ni cambio tienen. El usuario paga más por un servicio que vale menos. Y nadie responde.

Luego está el SIAPA, esa eterna promesa de ingeniería que no llega. Fallas, fugas, cortes… y explicaciones cada vez más técnicas, pero menos creíbles.

Y las calles ya no admiten metáfora: hay zonas que parecen la Luna. Baches, hundimientos, vialidades destrozadas. Circular no es trasladarse, es sobrevivir.

Todo esto a casi dos meses del Mundial.

Ese evento que nos vendieron como vitrina. Pero, ¿qué vamos a mostrar? ¿Una ciudad donde moverse es un riesgo, donde el aire se contamina por incendios, donde los accidentes viales son parte del día?

El deterioro ambiental ya es evidente. Incendios, mala calidad del aire, crecimiento desordenado. Y una movilidad colapsada que no solo genera tráfico, también tragedias.

Y en medio de todo, la crisis más grave: los desaparecidos.

No lo dicen solo los colectivos. Lo dijo la ONU.

Jalisco es epicentro de una tragedia que no admite maquillaje. Y mientras las cifras crecen, la respuesta sigue siendo insuficiente.

Aquí no hay temas aislados. Todo está conectado: violencia, abandono urbano, mala planeación y simulación.

Porque una ciudad que no puede garantizar transporte digno, agua constante ni calles transitables… difícilmente puede garantizar seguridad.

Pero la pregunta no es si estamos listos para recibir al mundo.

La pregunta es si estamos en condiciones de vivir dignamente aquí.

Porque mientras contamos baches, pagamos sin cambio y esperamos agua… también seguimos contando ausencias.


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