SIAPA: el agua secuestrada

  • ¡Ahí Les Voy!
  • Leonardo Schwebel

Jalisco /

En el Área Metropolitana de Guadalajara el agua dejó de ser un servicio público confiable para convertirse en una fuente permanente de frustración. Lo que debería ser un derecho básico hoy se parece más a una lotería: hay colonias donde el agua llega con baja presión, otras donde simplemente no llega o con un color y olor nauseabundo, pero eso sí, el recibo sí llega… puntual y cada vez más caro.

El problema tiene nombre: SIAPA.

Durante años el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado ha sido administrado con una mezcla peligrosa de burocracia, improvisación y decisiones políticas. Cada gobierno promete lo mismo: arreglar fugas, modernizar la red, mejorar el servicio. Pero la realidad que viven miles de familias es exactamente la contraria.

Guadalajara pierde una enorme cantidad de agua en fugas. La infraestructura es vieja, mal mantenida y rebasada por el crecimiento de la ciudad. Mientras tanto, las reparaciones tardan días o semanas y muchas veces solo son parches que vuelven a romperse.

Pero el problema no es solo técnico. También es administrativo y político.

El SIAPA se ha convertido durante décadas en una bolsa de empleo, un espacio de cuotas entre gobiernos municipales y un organismo donde la rendición de cuentas parece opcional. Los usuarios pagan, pero rara vez reciben explicaciones claras de por qué el servicio falla tanto.

Y hay otro punto que molesta profundamente a los ciudadanos: la falta de transparencia.

Cuando falta agua en colonias enteras, la información llega tarde o simplemente no llega. Cuando hay aumentos en tarifas, sí se explican rápido. Cuando hay cortes, se anuncian a medias. Pero cuando hay errores o fallas estructurales, nadie parece asumir responsabilidades.

La pregunta de fondo es simple: ¿Quién responde por el desastre del agua en la ciudad?

Porque el SIAPA no es una empresa privada. Es un organismo público financiado con el dinero de millones de personas que pagan por un servicio que debería ser eficiente.

Guadalajara no puede seguir viviendo con un sistema de agua que funciona como si estuviéramos en el siglo pasado.

El SIAPA cobra como si el servicio fuera de primer mundo, pero millones abren la llave y no sale agua. Eso ya no es falla: es fracaso.


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