El sábado pasado mi querida Claudia Morales me mandó muy temprano un reel de una mujer que hablaba sobre la amistad según algunos filósofos, quise investigar sobre el tema. Para Epicuro, la amistad “es un sentimiento, un afecto y una profunda entrega hacia la persona”, un fin en sí misma. El amor romántico y el acto sexual provocan ansiedad y dependencia debido a su naturaleza insaciable y a las zozobras que impiden un ánimo sereno, sin embargo, los amigos son un puerto seguro, paz mental y un apoyo continuo donde se consigue una vida equilibrada. Se puede vivir sin amor romántico y sin sexo pero no sin amigos: la amistad es el pilar más importante para alcanzar la felicidad. Aristóteles escribió que la amistad “es lo más necesario para la vida; sin amigos nadie desearía vivir, aunque poseyera todos los demás bienes”. Para Demócrito, “no vale la pena vivir si no se tiene un buen amigo”. Mientras los filósofos griegos valoraban la amistad por sus similitudes, Nietzsche apunta que la amistad es valiosa por sus diferencias al ser desafiante y conducir a la reflexión. Decía que no hay que buscarse amigos iguales a uno —alter ego— sino aquellos que nos muestren lo extraño, lo diferente, la otredad. Le escribí a Claudia que así como existe el amor a primera vista también existe la amistad a primera vista, y eso me ocurrió con ella. La conocí en Bogotá cuando me hizo el inmenso honor de presentar mi novela. Y es que la amistad es como un rayo que te parte, una alma que está para vos, una autopista inmensa de comunicación.
El mismo sábado —casi una hora después de recibir el mensaje de Claudia— mientras abordaba un avión, supe la terrible noticia de que había muerto mi amiga Cata, quien luchó de manera férrea contra el cáncer. Dos semanas antes me había escrito un mensaje: “Estoy agradecida con la vida por otro día más, Lix, no sabes lo bendecida que soy. Cuando quieras ir a verme ya estoy lista para darte muchísimos abrazos y besos y amor. Soy una bendecida de tenerte”. La fui a ver, platicamos mucho y lloramos un poco. Nos abrazamos largo. No lo supe en ese momento pero Cata se despedía de mí. Fue una gran maestra que supo lo que valía cada segundo de aire, de mar, de cielo, de risas y choque de copas.
Las amigas son guardianas de nuestras anécdotas, secretos e historias. Son cómplices que acrecientan las risas por la potencia del amor. Tengo el privilegio de contar con amigas invaluables, genuinas, únicas y que ahora mismo sonríen porque saben quiénes son. A mi queridísima amiga y maestra Cata le aprendí a gozar y agradecer cada nuevo día aunque literalmente tenga todo en contra, a saberme segura cuando ella manejaba el todoterreno o la lancha: “Tranquila, Lix, yo te cuido”, “ten, este chaleco salvavidas es de tu talla”. Con ella conocí a los gorilas y abrazamos elefantes, con ella canté, caminé por la playa, corrí un medio maratón y luego nos hidratamos con burbujas. Su paso por la Tierra y por mi vida valió la pena cada segundo.