El comportamiento social estudia las formas en las que las personas se conducen, se relacionan y comunican con otras personas dentro de un grupo o comunidad. El lenguaje y sus diversas jergas, los gestos, la manera de cooperar, ayudar, el liderazgo, las reglas y costumbres y los valores culturales. Ejemplos de ello podrían ser el respeto por los ancianos, la cortesía al ceder un lugar o simplemente dar los buenos días a propios y a extraños.
Cayó en mis manos el libro Curious behavior de Robert R. Provine. En él se estudian comportamientos curiosos como la risa, la tos, los bostezos y hasta los estornudos.
La risa es una vocalización humana universal para cambiar el comportamiento de otras personas, una señal social. Platón y Aristóteles temían su poder para disminuir a las figuras de autoridad o, incluso, eliminarlas. La risa es altamente contagiosa y puede proveer momentos de socialización muy agradables. Las cosquillas son parte de una comunicación no verbal que va desde mostrar afecto hasta obtener la atención de la otra persona. No te puedes hacer cosquillas a ti mismo —para ello se necesitan dos: quien hace las cosquillas y quien las recibe. Para Provine, casi cualquier estímulo está ligado a la excitación sexual, sobre todo, los estornudos. Entre los participantes de un chat room (Bhutta y Maxwell), reportaron que justo después de un pensamiento erótico o del clímax, ¡estornudaban! El bostezo tiene varias funciones: abre las trompas de Eustaquio para aclarar los oídos, infla los pulmones, es signo de aburrimiento y modorra, marca la transición entre el sueño y la vigilia. Pero también bostezar y estirarse son actos neuromusculares y respiratorios que agitan nuestra psicología y emociones: facilitan un cambio de comportamiento y, a través de su contagio, son lo suficientemente poderosos para transformar a los miembros de un grupo en un súper organismo colectivo.
La mayoría de los comportamientos sociales de los que habla Provine es contagioso y refuerza la teoría de que neurológicamente estamos programados para actuar como las bestias del rebaño antes de definirnos por el lenguaje, caminar erguidos o utilizar herramientas. En los tiempos que corren, donde la paz de la humanidad pende de hilos finos, hallo que también se contagian —sobre todo bajo el anonimato de las redes sociales— la grosería y el maltrato hacia los que cancelan o no piensan igual que uno. Escribir desde un dispositivo es, a veces, portar una máscara de hierro y disparar a mansalva vituperios y bajezas. También hay buenas noticias. La comunidad se une por una causa que considera justa y noble: la sociedad de Minnesota ha salido a las calles en reclamo por el maltrato de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas. Ha puesto
letreros en sus negocios negándoles la entrada, ha pegado en sus autos calcomanías de la bandera mexicana “para hacerles perder el tiempo a los agentes” y hasta han dado sus vidas por un abrazo colectivo.