La infausta historia de doña Julia Pastrana

Ciudad de México /

El mes pasado se desató una polémica en Valencia debido a la vuelta de un circo con animales: boas, anacondas, llamas, dromedarios, bovinos, equinos y otros animales de diversas especies forman parte del espectáculo Zoorprendente. Sí que me sorprendí —ha pasado más de una década de la prohibición del uso de animales de fauna silvestre en los circos de la Comunitat Valenciana y en muchas otras ciudades de América y Europa—. El circo moderno se le debe al militar Philip Astley, quien, en Londres en 1768, montó un show ecuestre en una pista circular (circus) acompañado de payasos, mimos y acróbatas. El espectáculo circense —de naturaleza itinerante— evolucionó hasta convertirse en una exhibición de animales, saltimbanquis, contorsionistas y hasta titiriteros. Más adelante se incluyeron personajes de características “poco habituales” y se les nombraron “freak shows”.

Julia Pastrana, una mujer de la tribu de los “buscadores de raíces”, nació en Sinaloa en 1834 con una condición llamada hipertricosis o síndrome del hombre lobo. Todo su cuerpo estaba cubierto de pelo negro y lacio. De nariz chata, orejas grandes y un prognatismo como consecuencia de dos hileras de dientes —en la quijada inferior y en la superior— le daban un aspecto de gorila. Le decían “la mujer simio” o “el eslabón perdido”. Fue arrancada de su supuesta madre y enviada a un orfanatorio donde aprendió español. El gobernador de Sinaloa, Pedro Sánchez, al tener conocimiento de la muchacha quiso hacer con ella un “pequeño experimento” y en “nombre de la humanidad y de la ciencia” la llevó a su casa para ofrecerle la mejor educación en su biblioteca personal. Más tarde se convirtió en su tutor oficial. Julia desarrolló su cuerpo de mujer, aprendió a cantar y a bailar y, además del español, estudió inglés y algo de francés. A los veinte años dejó la casa de los Sánchez y conoció al señor Rates, un empresario americano que le ofreció trabajo en el Gothic Hall de Nueva York como fenómeno de circo. Luego viajó a Londres con su agente Theodor Lent que la presentó como actriz de teatro. Julia se llenó de caudales y recibió propuestas de matrimonio, pero terminó casada con Lent (él vio el dinero). Se embarazó y parió un bebé varón también con hipertricosis. El niño murió al día siguiente del parto y Julia tres días después debido a complicaciones. Tenía 26 años de edad. 

Charles Darwin la conoció y dijo que era una mujer excepcional. Francis Buckland (zoólogo) escribió que tenía ojos negros y profundos, unas pestañas largas y gruesas y una voz dulce. Hermann Otto (dueño de un circo alemán) la define como un monstruo para todo el mundo, con una anormalidad puesta en vitrina para obtener dinero, pero los que la conocían bien, sabían que era cariñosa, reflexiva y con una mente y un corazón sensibles. 

¿Qué sería de la humanidad si borráramos o cancelásemos la historia? ¿Cómo aprenderíamos a no cometer los mismos errores? Y no solo se aplica para el circo.


  • Ligia Urroz
  • Nicaragüense-mexicana de naturaleza volcánica. Transita entre la escritura, la música y el vino. Sommelier de vida. Publica su columna Desde el volcán los viernes cada 15 días en la sección M2.
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