La oralidad en la literatura

Ciudad de México /
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¿Recuerda usted, querido lector, cuando no sabía leer y su maestra le leía en el aula de clases o cuando sus padres, después de un día cansado —y ya habiéndolo puesto en la cama— le leía algún cuento? Cuando fui madre todas las noches les contaba un cuento o inventaba una historia a mis hijos: ya cenados y bañados, en la penumbra y en la calidez de la habitación. Dichas historias cobraban vida y muchas veces mis hijos pidieron que les siguiera leyendo una vez que el libro había terminado; creo que así me convertí en narradora. En esos primeros años les inventé mundos sobrenaturales o simplemente me dediqué a recitar en voz alta —con una buena entonación— las lecturas escogidas. Y como escribe Daniel Pennac en su libro Como una novela, “así descubrieron la paradójica virtud de la lectura que consiste en abstraernos del mundo para encontrarle sentido”. Y continúa: “¡Qué pedagogos éramos cuando no estábamos preocupados por la pedagogía! E hipnotizados por esas historias que contábamos les regalamos a nuestros hijos las ganas de aprender a leer. Y luego, cuando ellos ya tenían la poderosa herramienta de la lectura, me aventuré a leerles en voz alta novelas como El curioso incidente del perro a la medianoche de Mark Haddon y El niño con el pijama de rayas de John Boyne. Para Pennac “el hombre que lee en voz alta nos eleva a la altura del libro” y eso intenté hacer con mis hijos.

Muchos lectores me han confiado su amor por leer libros físicos: me cuentan que no lo cambian por nada, que adoran el olor del papel, que pueden hacer anotaciones o subrayarlos —en eso coincido con ellos— pero también quiero decirles que se den una oportunidad para leer en un dispositivo de libros electrónicos (Borges estaría fascinado de llevar una biblioteca casi infinita en la palma de sus manos) y que, regresemos a esa etapa donde alguien más leía en voz alta por nosotros y que escuchen un audiolibro. ¡Y es que múltiples libros fueron escritos para llevarlos a los lectores de manera oral! Manifestaciones literarias de amplia gama —poesía cantada, romanceros, obras teatrales, cuentos, novelas— surgieron gracias a la cultura oral de la Edad Media y siguieron vivas en, por ejemplo, la España del Siglo de Oro donde la transmisión de la literatura a través de la voz era primordial: desde la población humilde y analfabetas hasta la cultura aristocrática y urbana. Les recomiendo que escuchen grandes textos como La Odisea de Homero. Si usted sabe que Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes es una de las obras monumentales de la literatura en español y jamás la ha leído ¡ahora es cuando! Es una novela la mar de divertida. La versión de audible narrada por Aurora de la Iglesia es sencillamente genial. Le auguro 35 horas entrañables y hasta de carcajadas. Puede escucharla mientras se encuentra en el tráfico, cuando camina a sus perros o simplemente siéntese, cierre los ojos y disfrute. 

“Amar, a fin de cuentas, es regalar nuestras preferencias a los que preferimos. Y en estos repartos pueblan la invisible ciudadela de nuestra libertad. Estamos habitados por libros y por amigos”. Quiero regalarle mis preferencias. No piense si tiene tiempo de leer o no, regálese la dicha de ser lector y si ese libro en particular no le gusta, déjelo.


  • Ligia Urroz
  • Nicaragüense-mexicana de naturaleza volcánica. Transita entre la escritura, la música y el vino. Sommelier de vida. Publica su columna Desde el volcán los viernes cada 15 días en la sección M2.
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