En la medida que vamos creciendo, nuestro mapa mental de la ciudad se va llenando de fantasmas, referencias a otros tiempos, personas y circunstancias que ya no están, que ya no existen, pero que no dejan de estar ahí porque los seguimos nombrando.
Empieza uno a decir, por ejemplo, que tal tienda está donde antes era un cine; que donde estuvieron los mariachis antes era un estadio; que lo que fuera una elegante casona, hoy es vulgar estacionamiento; que aquí estaba el aeropuerto, acá un cuartel, que el mercado que ves no es lo que era y así. Leemos el presente con los datos del ayer.
Primero lo pensamos, luego lo decimos en voz alta, como si dejáramos pistas para que no se nos vaya a perder la ciudad entre tanto siglo, entre tantos cambios.
Pongamos el caso de la plaza de los Fundadores y su fuente de los leones: están donde antes era el jardín de la Industria, que antes fue el mercado Hidalgo, erigido a su vez sobre la fugaz plaza de la Emperatriz Carlota, donde originalmente estuviera el cementerio de la parroquia virreinal.
Todos crecimos un poco así. Escuchando a los mayores hacer lo mismo: hablar de aquella ciudad que no vimos o que apenas alcanzamos. De esos retazos aparentes, cada quien iba cosiendo espacios y tiempos que dejaban de ser ajenos, invisibles.
En aquellas reuniones familiares o de amigos, cada lugar ya desaparecido que saliera al tema era una historia en sí misma, con personajes y sucesos memorables, una manera de entender una época, una lección siempre oportuna, o un divertido asomo al túnel del tiempo. Por eso no merecen el olvido esos lugares, construcciones y circunstancias que daba sentido a la vida de unos o que simplemente orientaba la cotidianidad de otros.
El problema es que esas maravillosas cartografías, tan emotivas como imaginarias, rara vez llegan a la letra y el papel, a convertirse en un texto que pueda ser difundido, compartido, comparado, conservado. Somos una ciudad de enorme y rica historia, pero de memoria escrita muy corta.
Por eso he puesto en marcha, en mi carácter de cronista municipal, el proyecto “Donde antes era”. El arranque ha sido la presentación del primer libro sobre este tema. La idea esencial es reunir en sendos volúmenes las fechas más concretas, los datos más ilustrativos y las imágenes antiguas y presentes que permitan referenciar ese pasado leonés que tiene nombre propio y dirección específica.
El punto es pasar, del simple “donde antes era”, a un relato breve que se gane el derecho de ser contado y retomado en una sobremesa, en el café, en un grupo del teléfono o en las redes sociales. Y sobre todo, a detonar nuevas preguntas e inquietudes para saber más de León. Que así sea.
León cumple 450 años y nuestro gobierno municipal tiene distintas formas de celebrarlo. Una de ellas, es incentivando la construcción de nuestra memoria colectiva. Por eso el libro “Donde antes era” puede consultarse o descargarse libre y gratuitamente en su versión digital desde el repositorio público leonendigital.org o picando https://leonendigital.org/objetos/detalle/2729